Una opinión, Cinco temas

Y la hegemonía como si nada

6 abril, 2018 | 12:00 am

A lo único que Maduro y su entorno le tienen verdadero temor es al pueblo protestando en la calle. A eso lo llaman en Miraflores el “tablero social”. En otras palabras, la movilización o protesta social. Esta, para que se acuerpe, no solo requiere de las denominadas “condiciones objetivas”, que en Venezuela se dan hasta la coronilla y más allá; también es indispensable que haya un liderazgo que busque y logre liderar las muy justificadas protestas.

Ese liderazgo, al menos por ahora, brilla por su ausencia. Y no es casual. La dirigencia opositora que podía sostener que había sido legitimada en las elecciones parlamentarias del 2015, prefirió optar, en su mayoría, por otros caminos, menos conflictivos o traumáticos, para usar una palabra que suelen utilizar. Y mientras tanto, la hegemonía luce –al menos luce—como si nada.

Mensajes interesantes, pero…

Llama la atención que Henri Falcón y sus voceros, a veces no se limitan a repetir las consignas de siempre, las platitudes de siempre, sino que hacen algunos planteamientos no solo razonables, sino necesarios. Sobre todo en relación con la reconstrucción de Pdvsa y la privatización de muchas empresas, prácticamente aniquiladas. Eso se concede. Pero el drama central es que todo ello se inscribe en el concepto de una “campaña competitiva”, que aunque deseable, no es posible bajo la égida de la hegemonía roja. Ignoro si Falcón cree en esos planteamientos, pero al menos los proclama.

Maduro estará encantado. Dirá que hay otra candidatura, con mensajes y ofertas distintas a las suyas, y ello significa, también dirá, que en Venezuela la democracia está viva, cuando bien se sabe que está muerta, y las apariencias que todavía quedan son como zombies de ultratumba. Sí, hay mensajes interesantes, pero el contexto es absurdo para la causa de la democratización venezolana.

La reclamación del Esequibo

No es verdad que la justa reclamación territorial haya sido olvidada por negligencia de la hegemonía roja. No. Es mucho peor. Ha sido olvidada de forma deliberada, dolosa y dañina para los intereses en Venezuela. El predecesor de Maduro dijo en visita oficial a Guyana que había que “erradicar” ese tema de las relaciones entre Caracas y Georgetown. Al lado de él, estaba aplaudiendo su canciller, el señor Maduro. Y eso fue lo que hizo la hegemonía: erradicar el tema de la reclamación del Esequibo durante largos años. Los guyaneses, por cierto, aprovecharon todo lo que pudieron…

Ya convertido en sucesor, Maduro quiso ocuparse del “tema erradicado”. La respuesta de Guyana ha sido plantear el asunto en la Corte Internacional de Justicia. Supongo que uno de sus argumentos principales será la posición asumida por el predecesor en la referida visita a Georgetown. Todo un desastre, que tuvo por fundamento el tratar de “amarrar” los votos de los países angloparlantes del Caribe en los escenarios internacionales.

Pena ajena

Hay figuras políticas que cambian de posición a cambio de alguna publicidad que haga las veces de una “fe de vida”. Es una lástima. Lo que suelen conseguir, además de alguno que otro titular, es, en el mejor de los casos, conmiseración.

Dan pena ajena, como reza la conocida expresión. Sobre todo cuando los cambiazos se tratan de disimular con un halo de consistencia. Sinceramente, pena ajena.

El trabajo de Greg Burke

La gran mayoría de los grandes medios que cubren al Vaticano, están como “caimán en boca de caño”, para difundir los mensajes del Papa acorde con sus propios intereses ideológicos, o acorde con el propósito de crear conflictos al interior de la Iglesia católica. Habría que ser muy ingenuo para no saberlo. El director de la oficina de Prensa y portavoz del Vaticano, el periodista estadounidense Greg Burke, no tiene nada de ingenuo, y en cambio sí tiene una amplia experiencia en la lucha contra la cobertura sesgada de los grandes medios hacia el papado.

A veces, el papa Francisco no lo ayuda mucho. Su estilo informal y franco en muchas de sus comunicaciones, es propicio para ser interpretado de una manera equivocada; esto es, dándole un sentido distinto al que pretendía el mensajero. Por eso, con mucha frecuencia, Burke tiene que redactar aclaratorias o expresarlas él mismo, y todo ello, visto de manera acumulada, no esclarece sino que puede confundir, aún más. Uno de los trabajos periodísticos más exigentes del mundo es el que desempeña Greg Burke.

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