Entrevista

“Vivimos una hibridocracia, donde coexisten elementos de dictadura y democracia”

3 febrero, 2017 | 12:00 am

Rafael Simón Jiménez, abogado e historiador

 

“Los demócratas no podemos renunciar al diálogo, pero sin dejar de lado las otras formas y escenarios de lucha”

 

“Al gobierno le queda muy corta vida y si insiste en quedarse en el poder contra la inmensa mayoría de la nación, corre el riego de arrastrar en su caída al proyecto chavista”

 

 

Mario Villegas

mariovillegas100@gmail.com / @mario_villegas

Foto: David García

 

 

Para Rafael Simón Jiménez el gran acierto de la Mesa de la Unidad Democrática es mantener la unidad opositora por encima de las diferencias internas, mientras que su más grande error es no haber concertado una estrategia coherente que permita impulsar una transición exitosa.

 

Abogado, historiador y dirigente político independiente, hoy atrincherado en el Ifedec (el instituto de formación de líderes y políticas públicas que preside Eduardo Fernández), Jiménez advierte que la ausencia de esa estrategia única podría hacer que se prolonguen la tragedia y el caos que hoy martirizan la vida de 30 millones de venezolanos.

 

-¿Exageran o están en lo cierto quienes acusan al gobierno chavista de dictadura?

 

-Al menos exageran en relación al modelo clásico de dictadura que conoció América Latina y Venezuela, donde cualquier expresión de disidencia o atisbo de derechos o libertades era duramente reprimido. La oposición ha sido poco certera en la caracterización del modelo chavista porque lo ha encerrado en cartabones tradicionales (comunismo, fidelismo). Chávez puso en escena un modelo político original que algunos denominan autoritarismo competitivo y donde coexisten formas dictatoriales y democráticas. No puede haber dictadura en un país donde la oposición a voto limpio conquistó una amplia mayoría en el parlamento, como tampoco puede haber democracia cuando no existe separación de poderes, se persigue y encarcela a la disidencia y se restringen derechos. Esto que estamos viviendo bien pudiera calificarse como una “hibridocracia”, donde coexisten elementos de uno y otro sistema.

 

-¿Imaginó que en un gobierno autoproclamado bolivariano y socialista podría haber tantos presos políticos?

 

-Uno como viejo militante de la izquierda siente asco y vergüenza con las conductas de quienes hoy ocupan el poder y de su falta de principios y escrúpulos. Son capaces de reprimir a los adversarios con más saña que la Seguridad Nacional de Pedro Estrada o la Digepol de Betancourt, y utilizan sus mismos métodos: la tortura, detenciones arbitrarias, siembra de evidencias, allanamientos de madrugada y encapuchados, grupos paramilitares. Nada que envidiar al gorilismo clásico latinoamericano. Una vergüenza. También se sienten los gritos del silencio de quienes habiendo denunciado desapariciones y tormentos de los órganos represivos del pasado, asumen una actitud alcahueta y complaciente con estos métodos.

 

-¿Hay alguna alternativa realista distinta al diálogo con el gobierno para destrabar el juego político y abrirle cauce a la vía electoral?

 

-Los demócratas ni en las más dramáticas circunstancias podemos renunciar al diálogo como instrumento consustancial a la democracia. El diálogo siempre será necesario y si se hace antes de que la situación se haga violenta o explosiva, mucho mejor. Pero la eventualidad del diálogo con un gobierno que impuso desde su llegada al poder un estilo de exclusión, cisma, división y odio fratricida no puede dejar a un lado las otras formas y escenarios de lucha. El fracaso del experimento cumplido a finales del año pasado obedeció a la falta de establecer reglas claras, además de no dejar a un lado los demás escenarios: la calle, el parlamento y la presión internacional. Hay quienes atrevidamente señalan que no fracasó el diálogo, sino los dialogantes.

 

-¿De qué depende que al chavismo le quede corta o larga vida en el escenario político venezolano y mundial?

 

Al gobierno le queda muy corta vida, y si insisten en quedarse en el poder contra la inmensa mayoría de la nación corren el riego de arrastrar en su caída al proyecto chavista. El chavismo fue una extraordinaria fuerza social y popular hoy reducida y menguante, pero si es capaz de reconvertirse democráticamente, acostumbrándose a ser oposición y normalizando su presencia política, puede transformarse en un referente importante dentro del futuro del país. Nadie sabe lo que puede pasar luego de cumplido el proceso de transición. El ejemplo de los sandinistas y su retorno al poder es un buen ejemplo.

 

-¿El presidente Nicolás Maduro es fiel seguidor del legado chavista o aprecia diferencias notables?

 

-Chávez le encomendó a Maduro una tarea que estaba muy por encima de sus capacidades, y además este recibió un país que luego del derroche del largo periodo de bonanza petrolera comenzaba a hacer aguas. Nicolás no tiene ni la autoridad, ni la capacidad, ni el talento para hacer nada distinto a lo que ha hecho. Yo creo que su oportunidad, al asumir el poder tan inmerecidamente, era la de entender la circunstancia que le tocaba enfrentar e introducir grandes enmiendas, reformas y rectificaciones que permitieran salvar eso que se conoce como el “patrimonio social del chavismo”. No quiso, no pudo o ambas cosas, pero el total es que ha conducido a Venezuela al desastre y sus niveles de rechazo e impopularidad son el mejor testimonio de lo que la gente piensa de él.

 

-¿Hay o no un cierto coqueteo entre Maduro y Donald Trump?

 

-En la elementalidad de su pensamiento, Maduro y su gobierno piensan que una eventual entente Trump-Putin puede, con altas dosis de realismo político, abonar mejores relaciones que con la administración Obama. Es un craso error. Yo no siento ninguna simpatía por Trump, ni por la política exterior norteamericana, pero sus primeros días en la Casa Blanca dan testimonio de que sus promesas electorales -por extravagantes que parezcan- va a tratar de cumplirlas, así que resulta difícil mejorar las relaciones de este gobierno con la nueva administración.

 

-¿Cuál es el más grande acierto y el más grande equívoco de la oposición?

 

-El más grande acierto, mantener la Unidad por encima de sus diferencias y rivalidades, entendiendo que sólo así puede confrontarse con éxito al chavismo. Su más grande error, la falta de una estrategia coherente que permita impulsar una transición exitosa, y eso se debe a la multiplicidad de aspiraciones, proyectos personales y visiones parciales que coexisten en su seno. Fíjate la gran contradicción que implica decir que esto es una “terrible dictadura” y a la par, tener ya centenares de candidaturas para todos los cargos de elección popular. Mientras no se concerte una estrategia única para poner término a este desgobierno, corremos el riesgo de que se prolongue la tragedia y el caos que hoy martiriza la vida de 30 millones de venezolanos.

 

-¿La MUD está más o menos vigente que nunca?

 

-La MUD tiene que auto someterse a un profundo proceso de reingeniería. En primer lugar, no puede seguir siendo un club de un grupo reducido de partidos. Tiene que abrirse hacia la construcción de un gran movimiento de unidad democrática que incluya a todos los sectores opuestos a la continuidad de este régimen. En segundo lugar, debe trazar una estrategia coherente y eficiente, y en tercer lugar, construir un discurso basado en un nuevo modelo de país, capaz de despertar la esperanza y confianza de los venezolanos. Hasta ahora, la MUD ha creído que el solo malestar y descontento de la gente pueden liquidar al gobierno, y eso si no se convierte en una fuerza de cambio organizada, direccionada y movilizada es muy difícil que pueda rendir esos resultados.