Viernes de un Andariego

VIERNES DE UN ANDARIEGO

28 septiembre, 2018 | 12:00 am

Podría decirse que son muchas las similitudes que existen entre las famosas “montoneras” de antaño y las que ahora, inspiradas en el legado del “líder galáctico”, ya desaparecido, están asolando irreparablemente la existencia de todos los venezolanos.

Las antiguas, aparte de protagonizar algunas escaramuzas violentas, con saldos de muertes y desolación, no pasaron del robo de gallinas y novillos, la devastación de predios rurales y el martirio de muchos propietarios de esos bienes, particularmente los de raza blanca y que supieran leer y escribir.

Fueron esas partidas de hombres armados y de a caballo los que entronizaron en el poder a algunos caudillos, quizás tan bárbaros y brutales como ellos, pero que de alguna manera les garantizaban el sustento económico.

Pero las “montoneras” de hoy en día, producto de esa supuesta alianza “cívico-militar”, y que este régimen ilegítimo tiene como su principal bandera, se han especializado en el pillaje de los recursos públicos, que pertenecen a todos los compatriotas, y en el empleo indiscriminado de los métodos más sofisticados que se conocen, para la intimidación de los adversarios.

Algo atávico, pudiera decirse, pero hasta el momento son incuantificables los daños morales y materiales que sus reprochables conductas nos han ocasionado.

“Es totalmente cierto —señala nuestro amigo— que todos los trepadores, en el discurrir de la historia, han utilizado métodos muy parecidos para alcanzar los fines más perversos y en esa situación, precisamente, nos encontramos ahora. Una retórica vacía, sin claros significados, pero en el fondo retorcida, logró un día que inmensos contingentes de venezolanos, llegaran a identificarse con el llamado “proceso”, sin tomar muy en cuenta el verdadero significado del mismo. Pero al poco tiempo la engañifa quedó al descubierto y desde entonces aquel “olor a pueblo”, de lo que tanto se ufanaba el “comandante eterno”, se fue paulatinamente evaporando hasta quedar reducida a la ínfima minoría que todos podemos observar en cualquier calle”.

Sin lugar a dudas que es la ruina completa de un país lo que ahora todos estamos presenciando. La sangre y la muerte, el descalabro de todos los servicios, incluyendo el agua y la electricidad, el rubro de la seguridad y el transporte, la asistencia sanitaria, la insolente presencia de la corrupción en todas sus modalidades y las lacerantes acometidas del narcotráfico, el contrabando y el secuestro, retratan una dramática y sobrecogedora realidad que de una u otra forma nos impulsa a la movilización de todos los recursos del corazón y la imaginación para explorar todos los caminos posibles y capaces de resucitar las esperanzas.

Uno, simple andariego, está seguro que en el momento de inventariar los daños que en su ya larga travesía por el poder esta “revolución” ha provocado, seguramente tropezaremos con innumerables episodios tenebrosos y hasta increíbles tanto por sus magnitudes como por el desparpajo y cinismo que han mostrado los cabecillas y acólitos del régimen en este proyecto de demolición y exterminio contra un país que conoció otra historia y donde la pluralidad, el amor a la paz y la democracia, siempre fueron los más apreciados valores.

Por supuesto, estamos muy lejos de pensar que es posible extender el perdón a todos los hombres y mujeres que han propiciado esta hecatombe que todos estamos padeciendo.

Un día.