Viernes de un Andariego

VIERNES DE UN ANDARIEGO

21 septiembre, 2018 | 12:00 am

El urticante tema de la intervención militar, tal vez por su propia entidad, se ha colocado en estos últimos días, en el centro del debate político, tanto dentro como también fuera de nuestras fronteras.

Y es que el mismo ofrece un campo propicio para que en su tratamiento florezcan las más variadas conjeturas. Ya inicialmente el propio mandatario estadounidense Donald Trump, lo había asomado como una lejana posibilidad, pero recientemente Luis Almagro, el más conspicuo vocero de la OEA, y quien nunca ha disimulado su insistente aversión frente al régimen chavista, le imprimió nuevas tonalidades al tema y encendió una ardorosa polémica internacional difícil de ser agotada por las propias circunstancias que se están viviendo en Venezuela.

Aunque resulta difícil aventurar presagios sobre lo que en el futuro habrá de suceder, no es ocioso decir que la institución militar, los giros que en ella se pudieran visualizar y su comportamiento definitivo en esta dramática situación que está planteada en el seno de nuestra sociedad, pudiera ser clave para la consolidación de este régimen arbitrario, o bien para brindar la oportunidad para una verdadera apertura democrática que nos ofrezca la posibilidad de una vida civilizada y en paz.

A nadie escapa que en esta era del llamado “socialismo siglo XXI”, la institución armada ha sido tal vez una de las más favorecidas y de allí su reiterada posición en defensa de este siniestro régimen. Quizás por ello también, la significativa merma que en términos de respetabilidad, seriedad, confianza y decencia ha contaminado irremediablemente a la institución castrense.

En buena parte de los delitos contra la cosa pública y en todas sus modalidades, grandes y pequeñas, habitualmente aparecen en condición de responsables grupos e individualidades pertenecientes al universo militar. De la simple “matraca”, practicada en cualquier alcabala de carretera, hasta las acciones delincuenciales mayores asociadas al narcotráfico, contrabando, secuestro o desalojo de propiedades urbanas y rurales, e incluso el asesinato, se encuentra allí la autoría de aquel desacreditado mundo castrense.

“Nadie sabe desde ahora —comenta nuestro amigo— si algún militar venezolano estaría dispuesto a dejarse matar a estas alturas en defensa del modelo socialista. Aunque en el caso eventual de una contingencia bélica, si es del todo posible, que frente al inmenso poderío del tan denostado “imperio”, se le ponga sordina rápida a los aspavientos lemas “chavistas” de “defender la patria hasta morir”.

Es cuando se evocan los hechos que acompañaron las respectivas caídas de los regímenes que encabezaron Manuel Noriega y Saddam Husseim, amigos de Hugo Chávez, en Panamá e Irak, respectivamente. Aquellos famosos “chivos del monte” y la Guardia Republicana, que habían ofrecido defenderlos hasta el martirio, finalmente facilitaron su entrega y posterior cautiverio y muerte.

Es cosa sabida que en ese universo castrense existen contingentes de gente civilizada y decente, ganada por el respeto a la institucionalidad, pero que mantienen un perfil bajo para garantizar su subsistencia tanto por el temor al inefable G2 cubano, muy activo en los cuarteles y la delación de los malhechores uniformados, cercanos a los bastiones del poder.

Muchos han sentido los rigores de la cárcel, la tortura y las persecuciones, pero son ellos un activo que habrá de tomarse en cuenta.

El anillo se cierra.