Viernes de un Andariego

Viernes de un andariego

31 agosto, 2018 | 12:00 am

Allí, en Argentina, pareciera que bastaron unos simples y hasta tímidos “documentos” para poner sobre el tapete las enormes magnitudes de las corruptelas que durante sus gestiones de gobierno auspiciaron respectivamente los esposos Néstor y Cristina Kirchner, una de las etapas más sombrías y tenebrosas que se ha vivido en aquel país sureño. Entre nosotros, donde muchos acontecimientos permanecen inéditos todavía, seguramente se requerirían gruesos y abundantes cartapacios para el registro de tantos desmanes y atrocidades que el régimen “chavista”, sin distingos entre civiles y militares, ha cometido arteramente contra los bienes que también son patrimonio de todos los venezolanos.

Después de los desafueros cometidos por Néstor, su marido, Cristina intentó buscar como Senadora de la República, una suerte de escudo para evadir el terrible vendaval que le arroparía por las recurrentes trasgresiones cometidas, pero al final, muy cercanos colaboradores de su gestión, no tuvieron reparos en revelar los oscuros dispositivos que se pusieron en práctica, para succionar en provecho propio, ingentes recursos económicos que eran pertenencia de todos sus compatriotas. Por supuesto que esa despreciable escalada de saqueos contra los bienes públicos, tienen estrechas relaciones con todas las modalidades de la corrupción que cotidianamente y a lo largo de estos últimos cuatro lustros, se han venido practicando en Venezuela.

Todos los bienes públicos, incluyendo empresas entre ellas Pdvsa, infraestructuras de la más variada naturaleza, servicios, sin excepción alguna, han sido contaminados con ese flagelo destructor que, a su vez, ha provocado el enriquecimiento repentino aunque siempre ofensivo, de muy buena parte del funcionariado público, por supuesto diferenciando los niveles en cuanto a cercanías con los centros políticos de poder, que se pudiera tener.

En esta reprobable y satánica comparsa de malvivientes que se han aprovechado de los dineros públicos, no existen distingos entre los civiles y los hombres de uniforme. Ambos estancos han protagonizado escandalosos episodios que han llevado a la ruina a todos los servicios públicos, han propiciado la quiebra o desaparición de antiguas y provechosas empresas, el declive en la prestación de rubros como la salud, el agua, la electricidad y el transporte que siempre figuraron en lugares prominentes. En esa siniestra suma de exterminio de lo que fueron bienes colectivos, ahora en manos de los validos del régimen, no se puede ocultar el concurso del narcotráfico y el contrabando, auspiciados por conocidos próceres de esa legión de “hombres nuevos” que, como lúgubre emblema, sacó al ruedo alguna vez el difunto “comandante eterno”.

“A estas alturas, y ya convertidos en una verdadera ruina —dice nuestro amigo — pareciera que aún quedan algunas reservas para continuar esquilmando lo poco que tenemos. Los validos del régimen prosiguen exhibiendo sus malhabidas riquezas, viviendas y vehículos modernos y de última generación, francachelas para el festejo de bodas, cumpleaños y bautizos, viajes a otros países que no sea Estados Unidos o la Unión Europea y el permanente testimonio de un poder económico que nunca llegaron a imaginar. Son los signos distintivos de una nueva clase de ricos que se han aposentado en el país y que, sin méritos para ello, se esfuerzan en mantener el poder entre sus manos”.

Difícil saber ahora, dada la dispersión opositora, los rumbos que finalmente escogerá el país. Se trata de un gobierno moribundo pero que aún respira, por lo que está planteado un reacomodo urgente que facilite la transición. Se trata, también de una urgencia inaplazable.

Democracia es el clamor colectivo.