Viernes de un Andariego

VIERNES DE UN ANDARIEGO

17 agosto, 2018 | 12:00 am

No es aventurado, ni tampoco temerario, imaginar que en cualquier momento y estimulado por las contumaces provocaciones del régimen que tenemos, el gobierno norteamericano, el tan denostado “imperio”, decida por propia voluntad dejar de comprarnos los retazos de crudo que aún le estamos vendiendo. Sería el final de una larga relación comercial que, en medio de muchas dificultades ha permitido la sobrevivencia de un país que sólo tiene en el petróleo la única referencia —ahora bastante menguada— para soportar el aluvión de carencias que a todos nos abruma. A los “gringos” por supuesto, no les resultará muy difícil encontrar otros proveedores confiables.

El Medio Oriente ofrece una enorme variedad de opciones para suplir las ausencias del crudo venezolano. Y en verdad que no es fácil entender, al margen de las consideraciones socio-políticas, la persistencia de un país como los Estados Unidos para soportar las actitudes altaneras e insensatas de un régimen como el nuestro, asediado por todas las calamidades imaginables.

Dicen los entendidos en la materia que el mercadeo de nuestro crudo con otros países del mundo, requeriría estrategias muy complejas y difíciles de procesar, pero que en cualquier caso supondrían costos muy elevados en las operaciones. Los fletes alcanzarían sumas muy altas, sobre todo si se piensa en China u otras naciones que requieran el petróleo para su procesamiento. Hay que tomar en cuenta que la nación del norte dio puerta franca a todos los acreedores de la empresa Citgo, para que intenten recuperar los capitales que fueron objeto de expropiación por parte del difunto “comandante eterno”. Es posible que pronto nos encontremos con versiones de prensa que hablen de buques, aeronaves y otros bienes de empresas venezolanas que pudieran también sentir los rigores de la legislación internacional, para la búsqueda de reparaciones cuando el abuso y el autoritarismo son utilizados sin ningún asomo de comedimiento.

“Quizás el difunto —es el comentario amigo— nunca llegó a imaginarse que sus posturas dictatoriales tendrían en algún momento, tan terribles consecuencias. Hay gente que olvida, pero no perdona y allí parecen inscribirse estas acciones de los organismos de justicia del “imperio”. Ellos saben lo que en verdad nos duele y es precisamente allí donde suelen apuntar. Ahora es posible que millares de estaciones de servicio en suelo americano, dejen de surtir los combustibles nuestros a causa de una errática decisión. Es, en verdad, una situación angustiosa para un país que ahora siente en carne propia un severo castigo por sus evidentes imprudencias.”

Algún día, pero más temprano que tarde, los venezolanos seguramente podamos conocer a ciencia cierta el largo listado de abusos y depredaciones que se han ejecutado en estos oscuros años de “revolución”. En los campos y las ciudades, en todos los confines del país, el odio y el resentimiento, amparados por la impunidad, se dieron la mano para acabar con un Estado que despuntaba entre los más promisores de América Latina. Entonces estábamos abrazados a la modernidad y el desarrollo, pero ahora nos hemos convertido en una ruina viviente e incapaz de concitar la envidia de nadie.

Uno sabe que esta insólita pero abrasiva situación, con toda seguridad encontrará su final. No sabemos el camino que habrá de escogerse, pero entonces tendremos abiertas las puertas de la esperanza y de los sueños.
Un tiempo nuevo.