Viernes de un Andariego

VIERNES DE UN ANDARIEGO

10 agosto, 2018 | 12:00 am

Cuando se ha convertido a la mentira en una suerte de ícono fácil de manipulación, no resulta arriesgado poner en duda el predicamento oficial, sobre los acontecimientos que se sucedieron en Caracas el sábado último de este mes de agosto. Hasta el momento, la gente, el ciudadano común, no tiene la certeza de lo que en realidad ocurrió y por ello la excesiva prosperidad de toda suerte de conjeturas para aliñar cualquier tertulia en éste tan martirizado país.

A menudo, con la sonrisa socarrona a flor de labios, nuestros compatriotas escuchan las versiones que permanentemente se tejen sobre la episódica contingencia, mientras se festejaba un nuevo aniversario de la tan temida Guardia Nacional que un día puso en actividad el presidente General Eleazar López Contreras. Las conjeturas abarcan desde el mismo instante en que Nicolás Maduro señalaba con pertinaz insistencia, a la derecha, el presidente Santos, el “imperio” y los países que se habrían agavillado contra Venezuela.

Era una tarde gris, con presagio de lluvias que adquirieron tonalidades diferentes cuando las inesperadas explosiones hicieron su aparición. Aún antes de que se cerraran las transmisiones de la cadena, los venezolanos, sorprendidos también, pudieron percatarse claramente de dos incidencias que con seguridad quedaron grabadas en su memoria: El rostro demudado por la sorpresa de Cilia Flores, la “primera combatiente”, y la súbita y hasta risible diáspora de todas las representaciones militares que habían sido invitadas al festejo. ¿Contamos con esto para pelearle la guerra al “imperio”?, fue una de las “impertinencias” más manoseadas en esa tarde sabatina.

Horas después, pero sin haber realizado las investigaciones más elementales en casos como estos, el jefe del Estado no tuvo vacilaciones al culpabilizar reiterativamente al gobierno norteamericano y quienes serían sus aliados en esta parte del mundo: los partidos de la derecha. Y, como sucede con frecuencia, después vendrían como contrapartida las salutaciones de Cuba, Nicaragua, Bolivia y Turquía, aparentemente el nuevo “amigo del alma” del mandatario venezolano. Más calmos, llegarían los parabienes de Rusia, China e Irán.

“Tal vez por las connotaciones que alcanzó” —dice el amigo— el suceso pareció afinar todas las actitudes que para el gracejo suelen utilizar nuestros compatriotas, en un intento para amortiguar los terribles estragos de esta gravísima situación en que nos ha metido el régimen “chavista”. Las oleadas de especulaciones más variadas se apropiaron desde temprano de las redes y, desde allí, y en medio de las desdichas más apremiantes de tantos sinsabores y padecimientos, siente uno que es posible todavía mantener invicta la aventura de soñar con paisajes más benignos y edificantes”.

Hasta el momento, nadie con exactitud, conoce lo que verdaderamente ocurrió. Por ahora, buena parte de las versiones que se han estado tejiendo, pudieran ser teñidas con visos de verosimilitud. Las cosas sucedieron a plena luz del sol y cuando precisamente se celebraba un nuevo aniversario de la Guardia Nacional, una institución no bien percibida por nuestros compatriotas, que la ubican como uno de los mayores soportes del régimen, en estos momentos cuando crece el descontento y también las penurias por las condiciones de vida que todos tenemos.

“En estos últimos cuatro lustros —prosigue la conversa— esa institución ha sido la que menos reservas ha tenido en su respaldo a la ‘revolución’. Como contrapartida, sus mandos más elevados, han tenido amplios accesos a todo lo que habitualmente se utiliza como fuentes de fácil enriquecimiento”.

Hay cuentos, que no deben echarse.