Viernes de un Andariego

Viernes de un andariego

20 julio, 2018 | 2:28 pm

A veces pareciera que todas las calamidades del universo, se hubieran volcado aviesamente sobre Venezuela, un país que no tenía entre sus propósitos de futuro, soportar tantas y tan diferentes turbulencias. Quizás por ello es que suman millones los compatriotas que han hecho sus maletas para ir al encuentro de otras latitudes muy alejadas de tantos maleficios que nos acechan cotidianamente. La fuga de los nativos es permanente y por las cosas que estamos viviendo, resulta fácil deducir que en los días próximos las cifras de las migraciones, tanto las oficiales como las oficiosas, proseguirán incrementándose ininterrumpidamente.

Es que la falta de los servicios mínimos indispensables para la vida humana como electricidad, agua, transporte y seguridad, son suficientes como para desalentar a los espíritus más intrépidos y desafiantes. Y si a todo ello le sumamos los precios de alimentos y medicinas y los exiguos salarios que perciben los trabajadores, no parecieran existir excusas para negarse a la expedición de hombres y mujeres que intentan encontrar cobijo en otros soles distintos al nuestro.

Es realmente trágico el doloroso episodio que estamos padeciendo después que el llamado “socialismo siglo XXI”, asentó sus posaderas en el Palacio de Miraflores. Ya han transcurrido casi cuatro lustros y el régimen no ofrece muestras para encontrar solución a tantos y tan variados problemas que todos enfrentamos. Particularmente y más allá de la simple promesa que usualmente envuelve su retórica insustancial, no existe un solo gesto gubernamental que permita siquiera imaginar que algún proyecto, medida o iniciativa, pondrá un final a tantas desesperanzas.

“Por supuesto que cada día que transcurre —comenta nuestro amigo— aminora extremadamente la credibilidad del oficialismo, lo cual en muchas ocasiones, se traduce en escenas de violencia que a menudo encuentran su eco en las barriadas más depauperadas de las zonas urbanas y rurales, donde también es más creciente la decepción por tantas y tan distintas promesas incumplidas”.

En verdad que al llamado “comandante eterno”, en su momento, le siguieron y dieron su apoyo nutridos contingentes de la ciudad y el campo, que le llevaron directo a una clamorosa elección. El suyo, de acuerdo con sus promesas, era un gobierno para los pobres especialmente, pero por el contrario, este pareciera ser el sector de la sociedad que ahora sufre los mayores rigores. Sin agua, electricidad, transporte y seguridad, es imposible que funcionen las escuelas y hospitales, tampoco las clínicas, oficinas públicas o empresas comerciales y de servicios. Los trabajadores de la salud están en un paro creciente solicitando los beneficios económicos que les corresponde y también los incrementos indispensables para sortear el alza desmesurada de los precios.

“Este —afirma nuestro amigo— es un régimen ciego y sordo, aunque nunca mudo, porque es el dueño y señor de la hegemonía comunicacional lo que aprovecha con un furor especial. Allí, en esos medios, es donde se empeña en señalar al denostado ‘imperio’, como el responsable de las tantas calamidades que enfrentamos, pero ya muy pocos llegan a creer en esos cuentos”.

Las cosas han cambiado sustancialmente y las encuestas hablan con insistencia en el “bajonazo del chavismo” con Nicolás Maduro, algo verdaderamente difícil en este momento cuando el impresentable CNE invita recurrentemente a una elecciones municipales.

Horas aciagas.