Viernes de un Andariego

Viernes de una andariego

13 julio, 2018 | 12:00 am

A estas alturas de la vida, en Venezuela como país, ya se han perdido por completo todos los resquicios para el asombro, entre otras cosas porque los actos y espasmódicas medidas provenientes de la iniciativa oficial, nunca encuentran correspondencia con la sensatez y la racionalidad y tampoco con el respeto, la prudencia y los modales que son propios del mundo civilizado.

Por el contrario, cotidianamente y en medio de marejadas publicitarias, los cancerberos del régimen, bien sean civiles o militares, se convierten en protagonistas de episodios que solo sirven para agigantar la desmesura, el atropello, el abuso y las siniestras huellas que han venido marcando su deleznable tránsito por los territorios del poder.

Es muy difícil que en esta etapa de la hecatombe que todos sufrimos, la truculencia y el engaño pudieran restañar las terribles heridas inferidas a un país que desde hace mucho tiempo conoció las abismales diferencias entre los bienes de la libertad y el permanente abuso, la ordinariez y la ambición desmedida que suelen exhibir los integrantes de la camarilla cívico-militar, que acarician la abominable pretensión de perpetuarse en el poder. Nunca, en tiempos de modernidad Venezuela había alcanzado las indeseables cotas de devastación que ahora estamos padeciendo. Los insistentes e inacabables asaltos al erario público, en todas sus modalidades, las infaltables “mordidas”, en cualquier negociación, las alcabalas militares en carreteras, puertos y zonas fronterizas y la connivencia gubernamental con el censurable mundo del narcotráfico, han cancelado en buena medida las esperanzas en un mundo más promisor.

La dramática involución de nuestro país, que alguna vez llegará a despuntar por sus potencialidades en uno de los más afortunados de esta parte del planeta —afirma nuestro amigo— es un hecho visible e incontrastable para cualquier observador que pondere lo que es, en verdad, nuestra cotidianidad.

Lo cierto es que muy poco de lo que antiguamente tuvimos y que nos alentaba el espíritu, se encuentra ahora en pie. Aislados internacionalmente, con el desprecio evidente de todos los países más importantes del universo, con las arcas ya vacías de tanto saqueo, y con grandes deudas crecientes que no podrán ser satisfechas, la pesadilla que vivimos se hace cada vez más tenebrosa.

—Todo lo malo ha sucedido— prosigue el amigo —en estos cuatro lustros del llamado “chavismo”, que nos ha correspondido conocer. Ha sido la nefasta herencia de un grupete de malhechores con insania magnificada, pero sin calificaciones para el manejo de los asuntos públicos, aunque con incontenibles ansias de riqueza fácil, los que se dieron a la tarea de extinguir por completo todo lo bueno que alguna vez conocimos.

Lo más llamativo es que no existe el castigo para los grandes depredadores —todos ellos muy conocidos—, que se han apropiado indebidamente de un patrimonio que pertenece a todos los venezolanos. Con los organismos jurisdiccionales en todas sus escalas bajo su férreo control, el gobierno ha extendido su manto de impunidades y complicidades para otorgarles un amparo que, por otro lado, ya no podrían disfrutar en capitales del mundo que fueron siempre las preferidas para el esparcimiento y el pleno disfrute de los dineros mal habidos. Apenas muy pocos “robagallinas” han llegado a conocer las ingratitudes de la prisión. Pero el día que logremos ponerle fin a esta noche oscura, las cosas serán diferentes.

¡Ojalá!