Viernes de un Andariego

Viernes de un andariego

1 junio, 2018 | 10:37 am

Ya se han convertido en suerte de cantinela, esas copiosas y siempre repulsivas versiones que circulan en torno a las frecuentes incursiones de los organismos policiales en el sórdido mundo del delito. No falta un día sin que los medios de información o las redes sociales, ofrezcan detalles reveladores sobre tan dramática situación que, como despreciable aditamento, se añade a tantas calamidades que bajo la hegemonía “revolucionaria”, padecemos todos los que habitamos esta minúscula y desafortunada porción del globo terráqueo. Y no falta nadie en ese “convite” de las llamadas fuerzas del orden. Militares y civiles que pertenecen a las nóminas de aquellos organismos supuestamente encargados de la protección de la vida y los bienes de la sociedad, figuran, a ratos con abominable descaro, en la comisión de los delitos más aberrantes y ocasionalmente sin recibir las sanciones a las que por sus desvaríos y conductas inapropiadas, por su propia condición de personificar la salvaguarda de la ley, se han hecho merecedores. Ni los asesinatos, robos, contrabando, secuestros o la simple sustracción de un teléfono o cualquier artículo doméstico, escapan de estas despreciables acometidas de los guardianes de la seguridad. Cosas por lo demás rutinarias y fáciles de constatar en cualquier punto de control bajo custodia de la Guardia Nacional, organismo que tiene bajo su resguardo las alcabalas y vías fluviales y marítimas. Las amenazas y, por supuesto, las infaltables “mordidas” están, en ese entorno, absolutamente permitidas y los nutridos contingentes que abandonan el país acosados por el hambre y las necesidades, son elocuentes testigos de esas perniciosas prácticas que se realizan a la luz de todos los soles.

“Habitualmente dice nuestro amigo esas razzias que realizan los cuerpos policiales y la Guardia Nacional en barriadas populares, aparte de las muertes que suelen contabilizarse, acarrean también para los moradores de las viviendas el trasiego de dinero y otros bienes que jamás serán devueltos a sus legítimos propietarios”.

Lo cierto es que en estos tiempos desafortunados y donde el acecho a la tranquilidad ciudadana ya es una constante, nadie confía en la tan desmentida autoridad policial. Cualquier uniformado es susceptible de ser confundido con un maleante típico y con el añadido de que las ocurrencias por tales confusiones no están de ningún modo descaminadas. La intromisión del “chavismo-madurismo” en la conformación de esos cuerpos policiacos, ha desvirtuado por completo el papel que a los mismos solían atribuírseles y por ello la opinión generalizada que ahora se tiene sobre sus insistentes y deleznables actuaciones.

“El papel del policía, antiguamente respetado y acatado como guardián de la sociedad, se ha ido desdibujando irreparablemente en estas difíciles penurias que estamos viviendo. En buena medida comenta el amigo se trata de personajes violentos, con muy escasa formación para el papel que les corresponde desempeñar, e inclusive muchos de ellos con cuentas pendientes con la justicia, los que precisamente en estos momentos se encuentran a cargo de la protección ciudadana, que es un bastión fundamental en cualquier país civilizado”

Un día, cuando retornemos a la democracia y la libertad, seguramente lograremos saber la cuantía de los desmanes cometidos a lo largo de estos tenebrosos años, por quienes han representado sin legitimidad alguna todos los fueros de la ley.

Cuentas por cobrar.