Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

25 mayo, 2018 | 12:00 am

De muy poco sirvieron tantas y tan costosas trapacerías que se pusieron en marcha, ni tampoco las caudalosas inversiones que se hicieron para motivar a sus supuestos acólitos, porque los resultados de estos ilegítimos comicios del último domingo, a pesar de tantas maromas mediáticas, ofrecieron una meridiana y enfática verdad: la penosa y hasta melancólica orfandad del régimen. Desde todos los escenarios conocidos, dentro y fuera del país, ya se avizoraba que algo como lo sucedido el domingo ocurriría. Y es que los torrentes del descontento ya son incontenibles y abarcan a todos los niveles de la población, con los más desfavorecidos por la suerte, en primer lugar, y de allí la apatía generalizada que se tradujo finalmente en los resultados conocidos. Las cifras, en cualquier caso, manipuladas por un CNE mundialmente repudiado, por supuesto que no ofrecen números absolutamente confiables pero de cualquier manera son indicativos de que los compatriotas, los que mayoritariamente militan bajo las banderas del cambio, se rehúsan a ofrecerle cualquier aval a quienes nos han sumergido en los tenebrosos territorios del hambre, la muerte, las carencias y la desesperanza. De poco le sirvieron a Maduro sus veleidades de bailarín de orilla, sus monótonas peroratas, ni el acompañamiento del inefable Maradona y el mercader Rodríguez Zapatero, porque la resistencia de los electores frente a un evento ausente de cualquier legitimidad, era palpable e inmodificable a lo largo y ancho de todo el país. Lejos, por supuesto, quedaron las nutridas concentraciones públicas que en sus épocas triunfales, llegara a convocar el difunto “comandante eterno”. Ni las amenazas de los empleadores, ni tampoco las ofertas de dádivas para forzarlos a la asistencia a los eventos y centros de votación, tuvieron en verdad el calado que se les había asignado. Las cifras del ente electoral, aunque ciertamente manipuladas, ofrecen elocuentes testimonios de una abrumadora decepción colectiva que solamente encontraría respuestas, cuando se vislumbren con claridad los destellos de una verdadera democracia, con todo lo que ella supone.

“Nadie puede imaginar que tanto la oposición venezolana, como el resto del mundo comprometido con la vida en libertad, dejen de percibir lo que serían las secuelas del episodio que hemos vivido. Ya —es la apreciación del amigo—, existen voces que claman por el total aislamiento del régimen y también por sanciones severas enderezadas a cerrar todas las vías de financiamiento. Sin embargo, el régimen seguramente proseguirá en su trabajo de demolición de lo poco que aún tenemos, pero más temprano que tarde, el derrumbe definitivo tendrá que producirse”.

Sin embargo, existen dudas sobre la aplicación de aquel predicamento según el cual “verdugo no pide clemencia”. Por los propios resultados de estos ilegítimos comicios ya se sabe que parte de esa cáfila cívico-militar que nos ha robado, están diligenciando caminos para la escapatoria y evitar el rigor de las sanciones a las que son merecedores, si sobreviene a plenitud el Estado de Derecho.

Esto se alarga la conversa fue un verdadero bumerán para el gobierno. Los diez millones de Maduro, se quedaron en sus sueños pero, por el contrario, han quedado las puertas abiertas para que la oposición regrese a las calles y con sus bríos y corajes intactos nos hagan retornar la “patria que necesitamos”.
Renovada la esperanza.