Viernes de un Andariego

Viernes de un andariego

4 mayo, 2018 | 12:00 am

Algo inútil, pero ofensivo, ese espasmódico intento de Nicolás Maduro y la manada de coyotes civiles y militares que aún le otorgan su confianza, de convencer a un país agobiado por la sangre derramada y las carencias de cualquier naturaleza, que Venezuela es una potencia. Esa insistencia demencial se desvanece frente al desolador paisaje que constantemente y en todas las tonalidades imaginables nos habla de las inmensas necesidades que todos padecemos y la ausencia de algún tipo de recursos para superarlas. Las carencias, la miseria, la impotencia y frustración, es el espectro cotidiano que a todos nos envuelve y es el gran impedimento para alimentar el mundo de los sueños que alguna vez alegraron la vida. Las versiones oficiales para la entronización de una versión absolutamente diferente a la que diariamente nos acecha, carece de cualquier validez para modificar la convicción, suficientemente enraizada, de que en estos tiempos malos habitamos el país más atrasado y mísero del planeta y que todo ello ha sido promovido desde los sórdidos estratos de la improvisación, el autoritarismo, el quiebre de la libertad y la democracia y el insistente empeño de imprimirle vigencia a un modelo de vida ya desahuciado por la historia. Los compañeros antiguos de camino prácticamente han desaparecido y, por supuesto, no tienen posibilidades de ofrecer sus auxilios. Muchos ya fueron desalojados del poder y algunos enfrentan los rigores terribles de la prisión. Los países más desarrollados del mundo y otros más modestos, pero donde la vida en democracia no ha sufrido alteraciones, han reforzado sus nudos para el aislamiento de este país y el desconocimiento del fraude electoral que se encuentra en vías de perpetrarse. Como no existen asomos de que en este suelo alumbre nuevamente la llama incandescente de la libertad, el asedio internacional para castigar al régimen corrupto y represivo que tenemos, pareciera ser la única vía posible para que alguna vez nos devuelvan el mundo civilizado que en un tiempo pasado conocimos.

“De muy poco le ha servido al gobierno cívico militar dice el amigo invertir gruesas sumas de dinero para publicitar las exhibiciones que pretenden venderle a los compatriotas esa enorme falacia de la Venezuela potencia. Nadie, sensatamente, se encuentra en condiciones de creer tal patraña, cuando se sabe suficientemente que los primeros convidados en nuestra cotidianidad son el hambre, las carencias y las terribles embestidas de la inflación”.

La farsa electoral que ha promovido el régimen y sus seguidores ¡todavía los hay! de muy poco podría servir para despejarle los caminos a la normalidad de nuestra existencia cotidiana y sus necesarias relaciones con el resto del mundo. De antemano ese torneo comicial ya fue proscrito en el Grupo de Lima, Unasur, Mercosur, La Unión Europea, los Estados Unidos y Canadá. Ningún vestigio habla de que pudieran sucederse eventualmente algunas alteraciones en esa actitud de condena contra la dictadura y menos aún que afloren los auxilios económicos que desesperadamente el régimen está necesitando para satisfacer algunos de sus compromisos. Fácil presumir que por la vía de los aumentos que constantemente se decretan para seducir a los electores, el costo de la vida sufra modificaciones notables que pudieran llevarnos a la catástrofe.

Días aciagos.