Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

27 abril, 2018 | 12:00 am

Ciertamente que han sido muchos los manipuladores y cínicos, amasados por la historia, que a buena parte de la humanidad les han inferido los más despreciables y hasta sangrientos sacrificios. Todos ellos abominables y repudiables por los siniestros de la más diversa índole que han acompañado a sus deleznables actuaciones. Se trataría, al fin y al cabo, de toda una manada de réprobos que jamás han vacilado en su empeño de lastimar a sus semejantes y también explorar cualquier mecanismo imaginable para garantizar su estadía en los territorios del poder. Y allí, precisamente, en ese torneo de farsantes y mentirosos figura por merecimientos propios, la negación del hombre de estado que es Nicolás Maduro, la desoladora e impúdica herencia que un día nos legara el famoso “comandante eterno”. Luego de tantos años de penurias colectivas le escuchamos sorprendidos hablarle al país de que su punto de partida sería la “revolución económica”, algo inaudito en medio de tantas calamidades que todos soportamos. Dicen que en Bolívar, luego que uno de los chamanes, nadie sabe si llegado de Cuba, le rociara con agua bendita, el personaje ofreció detalles, poco tardío por lo demás, de la manera en que se lograría ese “milagro”. A menudo el mandatario ha hecho referencias al artificio de la “Venezuela potencia”, de la cual sólo se conoce lo difundido en los medios oficialistas. Y es que un país completamente aislado, con el agobiante peso de las sanciones impuestas por los más importantes países del mundo, envuelto en uno de los episodios más trágicos de su existencia y sin los proventos de un petróleo en vías de ser embargado, es imposible creer en semejante patraña.

“No existe —comenta muy pesaroso nuestro amigo— ninguna aventura distinta a las privaciones y la muerte, que ahora nos pudiera ofrecer el futuro inmediato. Nos quedamos ‘sin un clavo para amarrar un gallo’ y cualquier esperanza de una vida distinta, se ha ido paulatinamente desvaneciendo. La frustración, las carencias y la muerte, parecieran que irremediablemente serán nuestros acompañantes hasta el final de esta horrorosa pesadilla”.

Se trata realmente de un episodio muy aciago el que todos estamos presenciando. Ya la contumacia del gobierno para apropiarse de toda la vida pública, pareciera un camino sin retorno, alentados en ese empeño por la fidelidad de los mandos militares, los únicos que tienen el predominio de las armas. Pareciera que ya ha perdido validez aquel predicamento de que el poder podría regresar al entorno de la democracia por las vías pacíficas y constitucionales.

El régimen tiene bajo su servicio al mundo castrense, aunque se han presentado destellos aislados de insubordinación y desacato, pero siempre sobreviene el castigo severo y la represión contra familiares y conocidos. Parece comprobarse cada día que en ese mundo uniformado lo que impera es la afición por la riqueza fácil y mejor si ella proviene del erario público.

En términos de esperanza prosigue la conversa la oposición, o mejor sus dirigentes, están en mora con el resto del país que conformaron una consistente mayoría en las elecciones parlamentarias. No revelan sus proyectos y más pareciera que algunos de sus “próceres” se encuentran más dedicados a sus intereses personales. En todo caso, no es necesario ser adivino para pronosticar que si no se produce alguna coyuntura excepcional, el futuro que nos espera será funesto para todos.

A Maduro nadie le cree y Henri Falcón no convence a nadie. El cerco se mantendrá contra el país y es de esperarse que el futuro continuará siendo devastador.

Todo un drama.