Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

20 abril, 2018 | 12:00 am

Siempre llega un día en que la insolencia y el abuso de algún jerarca, de esos que a menudo se han proclamado “salvadores”, reciban su castigo por todas las ofensas cometidas en sus turbulentas y destructivas travesías por el poder. Algo, por lo demás, muy rutinario si uno revisa la historia del mundo y allí, precisamente, sobran los ejemplos. Entre nosotros y ya con veinte años soportando las pavorosas mordeduras de todas las miserias imaginables, no resulta muy dificultoso aventurar que el panorama será bastante similar. Y es que un país que alguna vez fue próspero y capaz de convocar la envidia de sus semejantes en el continente, ahora se encuentra sumergido en la ruina absoluta, frente a carencias indescriptibles y de la mano de un régimen autoritario y consumadamente tenaz en el empeño de mantenerse en el poder, en contra de la voluntad mayoritaria de sus compatriotas. Todas las manipulaciones mediáticas que el gobierno ha hecho para imprimirle alguna significación al fraudulento proceso comicial de mayo, han quedado frustradas frente a la apatía de un país. Son escasos los que asumen como algo serio esos comicios, como también muy pocos los que, quienes liderados por Henri Falcón y su veleidosa comparsa, aspiraron al acaparamiento de algún tipo de atención. Simplemente, todo ha quedado convertido en una siniestra farsa desde el mismo instante en que la Constituyente hizo pública la convocatoria. Ni los “bailes” de Maduro, ni sus recurrentes bonificaciones para intentar capear sin resultados la hambruna popular, han sido propicios para modificar el rumbo de las cosas en un país que alguna vez hizo esfuerzos para encontrar las vías del desarrollo.

-La última cumbre presidencial de Lima —comenta nuestro amigo— pareciera haber sido el último eslabón de la condena continental contra Maduro y sus acólitos. Nadie, salvo el boliviano Evo Morales, se atrevió a defenderlo en ese importante escenario. La gran mayoría de los participantes, se transformaron en una suerte de “gavilla” para condenar al gobierno y exigir mayores castigos si prosigue en el subyugamiento de los venezolanos.

En todo caso, existen versiones insistentes en que también en el seno de las instalaciones militares, han llegado los ecos de la crisis. Y es que el cúmulo de canonjías que suelen favorecer a los protegidos del régimen, no llega a los mandos subalternos y mucho menos al personal de tropa que han visto en disminución la calidad de los alimentos que consumen y saben, como todo el mundo, de los tropiezos que constantemente se presentan para encontrar alimentos y servicios públicos. De allí, precisamente, proviene ese oleaje de deserciones.

-Es que ellos —añade el amigo— también tienen familia que atender y extensas parentelas que sufren toda suerte de calamidades y, a semejanzas de sus vecindarios, también los arropa la hiperinflación.

El caso es que como la truculencia, el engaño y la mentira siempre han sido la carta de presentación del régimen, sus prédicas por muy insistentes y edulcoradas que sean, no generan en el pueblo ningún tipo de confianza. Ni la tan manoseada “guerra económica”, ni el supuesto intento imperialista para apropiarse de nuestros recursos minerales, ni tampoco las sanciones y el desprecio de la comunidad internacional por el desempeño de Maduro y su régimen, han sido pretextos válidos para justificar esta bufonada “revolucionaria”, que más temprano que tarde —sucede siempre— habrá de pagar debidamente todas sus tropelías.

Un día.