Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

2 abril, 2018 | 9:41 am

Uno puede imaginar que solo con la desaparición de este diabólico régimen, los venezolanos pudiéramos conocer las verdaderas dimensiones de las horribles secuelas que dejó a su paso la firma brasileña Odebrecht, en su devastadora travesía durante los mandatos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. De la mano del entonces impoluto presidente Lula Da Silva, esa firma constructora se transformó en una suerte de ícono empresarial para entronizarse en distintos lugares del continente, ejecutando proyectos enderezados a brindarle soporte al llamado “socialismo siglo XXI”, con toda la podredumbre que esa iniciativa dejara a su paso; con el siniestro concurso de la corruptela y el amparo de la impunidad y las complicidades del poder. Entre nosotros, el tema ha sido prácticamente solapado, salvo los extemporáneos pero urticantes señalamientos de la exfiscal Luisa Ortega Díaz, y algunos testimonios ofrecidos por los medios internacionales. Pero de acuerdo con la versión oficialista, Venezuela nada o muy poco tuvo que ver con Odebrecht, nadie obtuvo algún dividendo en esa gruesa madeja de recursos que llegó a transarse y, por supuesto, todos los organismos que jurisdiccionalmente están llamados a investigar se han abstenido, bajo el infantil argumento de que todo se fundamenta en “simples especulaciones mediáticas”. Difícil es, por supuesto, aceptar tal posición, sobre todo si se toma en cuenta que el país, planetariamente, tiene una posición puntera en el renglón de las corruptelas. Ya en Perú y Ecuador, donde se repartió dinero a manos llenas, se han producido bajas significativas, incluyendo a figuras públicas muy prominentes y entre nosotros, de ningún modo es descartable, por nuestra misma condición, que muchos “próceres”, tanto civiles como militares, corran suertes similares, por su irreductible propensión para apropiarse de los bienes públicos.

-Constantemente –señala el amigo- se están viendo informaciones de prensa con referencia a cantidades exorbitantes de millones de dólares, que el régimen chavista habría recibido de la firma brasilera, para enfrentar los compromisos electorales. No se conoce con exactitud los montos, pero es fácil suponer que muchos peculadores se quedaron con las alforjas llenas. Ya se ha hecho un hábito, alentado por todas las formas de la complicidad, la obtención de ingentes beneficios derivados del manejo de la cosa pública. Todos sabemos del origen de la crisis que desde hace tiempo nos ahoga, pero todos también estamos confiados en que más temprano que tarde se producirán las horas del castigo y que el mismo será ejemplar, y sin discriminaciones de ninguna naturaleza.

-Lo cierto es que con Lula Da Silva y su sucesora a las puertas de la cárcel, los directivos de la empresa sureña no han tenido mayores problemas en apelar a la delación para intentar mitigar las largas condenas que les esperan, tras la siniestra estela que dejaron a su paso. No es difícil imaginar que en fecha temprana esas mismas delaciones alcancen lo que en verdad aconteció en Venezuela, y sobre todo en este caso, donde particularmente Lula siempre jugó cuadro cerrado con el chavismo, al cual, de alguna manera, hizo parte de su itinerario político.

-Lo más grave de todo es que el torbellino que estamos viviendo en el país ya está resultando inmanejable, entre otras cosas por las enormes grietas que en el plano ideológico se han experimentado en el curso de estos años. Los antiguos amigos ya no existen, y los pocos que aún sobreviven a la nueva oleada democrática, carecen de los recursos suficientes, tanto morales como económicos, para echar una mano.

Aciago el momento.