Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

23 marzo, 2018 | 12:00 am

El mundo castrense, por sus propias características, siempre ha sido extremadamente hermético y quizás por esa misma condición, es susceptible para la aparición de las más variadas conjeturas cuando en su propio seno se producen acontecimientos que acaparan la atención de nuestros compatriotas. Recientemente, y así lo recogieron los medios, se ha producido la detención inusitada de un grupo de oficiales de distinta graduación en la Fuerza Armada, que ha concitado los más diversos comentarios en un país sumido desde hace muchos años en la desconfianza, las carencias y la desesperación. A todos los aprehendidos se les han formulado variadas acusaciones que van desde la traición a la patria, tal vez el delito más grave que pudiera atribuírsele a un militar, hasta llegar a delitos como la distracción de fondos o vinculaciones conspirativas para el derrocamiento del régimen. Uno de ellos, como el general Rodríguez Torres, quien fuera alguna vez director de la policía política y titular de Relaciones Interiores, pareciera que por esa misma figuración pública que tuvo, se le estaría dificultando la salvaguarda de su integridad personal en la temida cárcel de La Pica, un recinto en Monagas de gran peligrosidad para los entendidos en materia penitenciaria. Otros oficiales detenidos, con mando en instalaciones claves dentro de la estructura militar, habrían sido dispersados hacia otras instalaciones, pero todo ello sin apego al debido proceso establecido en nuestra normativa legal. Pocos saben lo que en realidad sucede en esos predios, pero los comentarios más extendidos coinciden en señalar que la crisis estructural que vive el país, está llegando definitivamente a los cuarteles y que las demandas del hambre, la salud y la libertad, han encontrado un eco en sus recintos que una vez fueron catalogados como pivotes inconmovibles por su adición a la llamada “revolución bonita”.

-Resulta difícil –señala nuestro amigo- disimular el papel que hasta ahora ha tenido el sector castrense en el sostenimiento de este régimen. Pero allí todos conocen del súbito enriquecimiento de algunos de sus integrantes y su desastrosa pasantía por los organismos gubernamentales. Sus estilos de vida han cambiado rotundamente y ello sin hablar de los grandes beneficios económicos derivados del tráfico de estupefacientes y las tentadoras comisiones que suelen derivarse de las adquisiciones de armas y otros equipos.

Anteriormente el preso emblemático militar del régimen era el general Baduel, un hombre que fuera compadre y estrecho amigo del “comandante eterno”, pero a quien los vientos de la vida le llevaron a criticar su estridente y atrabiliario estilo de mando, sellando con años de prisión el final de sus antiguas canonjías. Ahora ha sido el exministro Rodríguez Torres, quien siguió la misma ruta, pero no es aventurado imaginar que otras individualidades del sector castrense le ofrezcan también su compañía.

-La verdad –prosigue la conversa- es que ningún sector de la sociedad debería permanecer inmune frente a este estado de cosas que nos tiene atrapados. La falta de alimentos y medicinas, la quiebra de todos los servicios públicos, la carestía de la vida, hace imposible que el régimen que padecemos encuentre alguna senda para la supervivencia. La tragedia nos incluye a todos y los militares y sus parentelas no están de ninguna manera, exentos de esta situación.

El tiempo lo dirá.