Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

9 febrero, 2018 | 12:00 am

Olmedo Lugo

 

 

No existen dudas de que han sido profundas, y también pudiera decirse que letales, las heridas que la presión internacional ha provocado en el seno de un régimen que se ha propuesto invertir los ínfimos recursos que aún le quedan, para retener entre sus manos el poder. Cada día esa “injerencia”, como la llaman los grandes capitostes del oficialismo, es más consistente y devastadora y también, cada vez, resulta más notable el esfuerzo de sobrevivencia que en su indetenible agonía tiene que realizar el gobierno, para impedir lo que sin duda alguna sería su inevitable derrumbe. A pesar de las acostumbradas y cansonas balandronadas de Maduro y su corte de acólitos; de su insolente prédica, según la cual seríamos una “potencia imbatible”, la vida diaria nos indica claramente a los venezolanos que ese proyecto abominable y fracasado se encuentra exhausto, y que solo los estertores de la muerte serían el acompañamiento de su esperado final. Como era de esperarse, la tan publicitada gira “internacional” del canciller venezolano Arreaza, para contrarrestar el publicitado recorrido del secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, se convirtió en una risible bufonada. Lo recibieron en Cuba y Nicaragua, antiguos aliados del “chavismo”, con tibios testimonios de solidaridad, pero muy diferente a la acogida que le brindaron en tierras suramericanas y del Caribe al alto funcionario “gringo”, quien no vaciló en criticar, con urticante vehemencia, a la deriva dictatorial que se le ha impuesto a un régimen que solo ruinas, privaciones y muerte le ha deparado a nuestros compatriotas. Y es claro que la porfiada actitud gubernamental de realizar unas elecciones que estarían viciadas de legalidad, desde su origen, han acrecentado en grado máximo la condena y el desprecio de todos los países civilizados del mundo. La corrupción, en sus más variadas modalidades, las innegables conexiones con el narcotráfico, el terrorismo internacional y la insistente violación de los derechos humanos son, entre otras muchas, razones suficientemente justificadas para explicarse la aversión planetaria ante este estado de cosas.

 

-Las posibilidades de un embargo a nuestro petróleo y las excusas que frente al mundo tendría alguna insurrección en el estamento militar para ponerle término a nuestras calamidades –razona el amigo-, han sido las más urticantes entre los señalamientos de Tillerson que mayores zozobras han concitado entre la gavilla cívico-castrense, que nos está gobernando.

 

Nadie podría pensar, con seriedad, que unas elecciones convocadas por la ilegítima constituyente y con los ingredientes del engaño, el ventajismo y las truculencias, pudieran ser aceptadas por una sociedad que ha visto inerme la manera en que han sido conculcados nuestros derechos constitucionales. Más allá de los partidos políticos, en buena parte explicablemente cuestionados por sus más recientes comportamientos, existe toda una sociedad doliente que aspira a una existencia distinta a la que actualmente tenemos y que será capaz de garantizar la paz, la libertad y el sosiego que alguna vez llegamos a conocer y disfrutar. Multitudinariamente, esa misma sociedad se resiste a participar en una mascarada comicial, donde desde ya se conocen cuáles serían sus resultados y, en todo caso, sería la continuación de esta tenebrosa pesadilla en la que estamos sumergidos.

 

Uno llega a pensar que faltan aún muchas cosas, algunas de ellas desagradables, que tendrán que pasar en un futuro cercano. El gobierno quisiera lucir omnipotente, pero no existe manera alguna de lograrlo. Quisieran sofocar el desencanto popular con ofensas, descalificaciones y persuasiones como las que recientemente sufrió nuestro amigo Enrique Aristiguieta Gramcko, pero la procesión anda por dentro.

 

¡Horas aciagas!