Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

2 febrero, 2018 | 12:00 am

Olmedo Lugo

 

 

Muy poco prometedor sería el futuro para la mayoritaria oposición venezolana, si se le otorgaran algunos vestigios de veracidad a los señalamientos últimos, formulados por el antiguo “zar” de nuestra industria petrolera, el ahora fugitivo Rafael Ramírez y quien, entre otras cosas, se atribuye la poca envidiable condición de ser el verdadero heredero del proyecto político que encarnó el difunto Hugo Chávez. De acuerdo con los señalamientos del exministro, y también expresidente de PDVSA, el gobierno, en sus ya inútiles esfuerzos de ganarse la indulgencia de Washington, aparte del envío de una significante suma de dólares para los festejos de la ascensión al mando del presidente Trump, habría hecho entrega también a figuras opositoras y sus familiares, de importantes recursos financieros derivados de operaciones que habitualmente se realizan en esa industria. Por supuesto que no se mencionan nombres, pero en cualquier caso queda abierta la duda razonable en cuanto al verdadero origen de la errática conducción opositora, que cada día aparece más alejada de las expectativas que con las elecciones parlamentarias y la combatividad callejera del año pasado, llegó a convertirla en el centro de las esperanzas de cambio que la población mayoritariamente ambicionaba, para ponerle término a esta terrible hecatombe que estamos sufriendo. Desde hace algún tiempo circulaban, con inusitada profusión, las versiones sobre la connivencia de algunos personajes que se empinaron como ductores del campo opositor con sectores del oficialismo, para perturbar el reclamo de un cambio que ya no solo es de una Venezuela agonizante, sino también de la comunidad internacional, explicablemente alarmada por todo cuanto de malo y desgraciado está aconteciendo entre nosotros. Lo cierto es que más allá de la retórica, las grietas en la estructura opositora cada vez son más notables y quizás en la juramentación de los gobernadores de AD ante la Constituyente y la famélica validación de algunos partidos que aspiran a medirse en las presidenciales –fue realmente escuálida la asistencia- se ha puesto de relieve el creciente malestar y decepción que hoy en día exhiben los venezolanos, en sus esperanzas de abrirle caminos a un futuro más promisor.

 

-Existe gente que piensa –es el comentario amigo- que si la Constituyente por vía de hecho se ha convertido en el otro instrumento que le faltaba al gobierno para afianzar su permanencia, a nadie extrañaría que más temprano que tarde determinados sectores opositores, a cambio de algunas baratijas, le otorguen su plena legitimidad.

 

Cualquiera, frente a tantas incertidumbres, pudiera imaginar que no todo está perdido porque la rebeldía de un pueblo frente a tantas modalidades corruptoras, de muerte y desamparo, se mantiene invicta. La historia misma habla con frecuencia de las insurrecciones populares contra el uso desproporcionado, y hasta letal, de la Fuerza Armada que ahora, en nuestro caso, solamente apoya al régimen como una opción de salvataje para algunos de sus más prominentes conductores, que de ese modo y temporalmente, evitarían pasar sus años terminales encerrados en una prisión en cualquier lugar del mundo, como pago a tantos agravios que por su vesania y procacidad le han inferido a una sociedad irreductiblemente cívica, tolerante y libertaria.

 

Es claro que si se comprueban las implicaciones de los falsos opositores que reciben canonjías del régimen, la repulsa y el escarnio serían sus nuevos compañeros.

 

¡Cuentas claras!