Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

26 enero, 2018 | 12:00 am

 Olmedo Lugo

 

Muy a pesar de la habitual reticencia de sus mandos para revelar las interioridades de todo cuanto en su seno acontece, ya existen suficientes indicios de que las embestidas de la dramática crisis que agobia a los venezolanos, también ha tocado a las puertas de la institución armada. Afirman fuentes muy solventes que importantes contingentes de la institución suelen trasladar constantemente sus penurias, en materia de alimentación, a sus respectivos hogares porque allí también, como acontece en todo el país, no existen los abastecimientos suficientes para brindarles el conveniente apoyo nutricional que, por su misma condición de militares, ellos requieren. Por supuesto que ese tipo de comportamiento alcanza a los menos afortunados integrantes de nuestra milicia, porque ya es suficientemente conocido que los más importantes jerarcas gozan de todos los privilegios imaginables, como para mostrar modelos de vida verdaderamente opulentos y muy lejos de conocer ese mundo de privaciones a los que cotidianamente estamos sometidos el resto de los compatriotas. Dicen muchos que el malestar ya es inocultable y muy extendido, entre otras cosas porque esa anómala situación golpea directamente a los familiares y amigos que suelen brindarles el cobijo, pero que observan con explicable aprensión tales episodios que obligan a desprenderse de bienes y alimentos excesivamente escasos por el desabastecimiento, y también la permanente elevación en la escala de precios. De acuerdo con las versiones, son muchos los efectivos militares que sufren las acometidas del hambre y solo encuentran la solución al problema mediante el refugio con sus familiares o con la deserción, un acto punible que suele provocar drásticas sanciones. Cuando menos resulta difícil aceptar, con una dosis de seriedad, los alardes oficialistas que nos ubican como una “potencia”, y que según palabras de Maduro y sus secuaces, estaríamos preparados para soportar cualquier amenaza del “imperio”, si es que Trump persistiera en lastimar nuestra “soberanía”.

 

-Precariamente equipados –comenta el amigo-, con armamentos de desecho, escuchando diariamente el clamor de sus familiares por sus grandes padecimientos y ahora también asediados por el hambre, es difícil imaginar que no florezca el descontento en ese conglomerado humano, y que se mantengan absolutamente inermes ante todas las despreciables cosas que nos rodean.

 

Por supuesto que todos conocemos las distorsiones que se han producido en el mundo castrense desde que el “eterno” alcanzó la cúpula del poder. Sus herederos no han hecho otra cosa que ensanchar ese maléfico proceso de descomposición, calcando las enseñanzas del dictador cubano Fidel Castro. Pusieron al sector castrense al servicio de una ideología perniciosa, destructiva y despreciable, pero aún con todo ello no han logrado doblegar la voluntad de quienes en su seno abrigan la esperanza de encontrar otros caminos civilizados para el futuro del país. Ya la corrupción de los altos mandos ha sido conocida y sancionada por todos los países modernos e influyentes, que también saben de sus estrechos nexos con el narcotráfico y confían en que sus carreras delictivas tengan apropiado castigo en un futuro cercano, porque esas transgresiones no prescriben.

 

-Todo el mundo –insiste el amigo- conoce sus historias, y nada de lo que hagan ahora, podría borrar sus muchas impudicias. Quizás por ello la vesania que recientemente rodeó la aborrecible “masacre de El Junquito”.

 

El día está por llegar.