Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

12 enero, 2018 | 12:00 am

 

 

Olmedo Lugo

 

 

Es difícil para cualquiera imaginar las secuelas que pudieran traer para el ala militar del régimen, su principal soporte, las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense, contra un grupo de sus más importantes jerarcas. Ya en ese listado de indeseables para el “imperio”, habían figurado otros especímenes castrenses, supuestamente involucrados en la violación de los derechos humanos y la práctica de innumerables corruptelas, entre ellas el narcotráfico. Pero ahora la “purga” se ha hecho más extensa y de acuerdo con el anuncio de los gobernantes de aquel país, ese registro seguirá en aumento y sin que le presten mucha atención a las repetitivas e insípidas respuestas de Maduro y Padrino López. El problema es que a esa gente de uniforme, acostumbrada desde hace mucho tiempo a mirar al norte y Europa, con ojos esperanzados y ganosos de disfrutarlos, se le han cerrado las puertas y también han visto cautivas sus ganancias, obtenidas por las vías de la corruptela. De cualquier modo se trataría de disuasión y advertencia para quienes al margen de la Constitución vigente, han puesto su lealtad al servicio de un partido y de una causa que le ha proporcionado solo hambre, miseria y privaciones de la más variada naturaleza a un país que alguna vez gozó de la credibilidad, respetabilidad y aprecio en todos los lugares del mundo. Jamás había sucedido en nuestro país un hecho de esta naturaleza, pero la escogencia del método se empareja con la destrucción y ruina que ahora nos arropa a todos los compatriotas. Episodios suficientemente motivados como estos abren las puertas de par en par para todas las conjeturas sobre el comportamiento futuro de esa institución, ahora muy claramente devaluada en el seno de la sociedad venezolana.

 

-Alguna vez-, recuerda nuestro amigo- la Fuerza Armada ocupó lugares de mucha prominencia en la percepción de los venezolanos, que siempre la habían visto como una institución absolutamente independiente y desligada de cualquier ideología política. Las cosas han cambiado negativamente en su seno y de allí la revulsiva impresión que sobre ella tienen los habitantes de este país y que llevaron al “imperio” a la adopción de esas drásticas medidas.

 

Lo más grave es que el destructivo flagelo de la corrupción pareciera haber contaminado a todas las instancias de la institución armada. En los puertos del país, puestos fronterizos, caminos y carreteras, la presencia militar que anteriormente era vista como una contención frente a los hechos delictivos, ahora normalmente se acepta como una alcabala obligada para la dádiva o el chantaje compulsivo.

 

Por supuesto que el descrédito de la gente de uniforme, en estos tiempos malos se encuentra perfectamente emparejado con el imparable trabajo de destrucción del país, que tuvo sus inicios con el mandato del “eterno” y que ahora sus más cercanos cancerberos se han encargado de profundizar.

 

Uno se resiste a pensar que la llamada “obediencia debida” continúe imprescriptible en estos tiempos modernos, en el mundo castrense. Allí, como en cualquier lugar, tiene que haber personas que reconozcan lo erráticas que han sido las conductas gubernamentales y la ruina que vive el país. Tienen madres, esposas, hermanas y familiares que les hablan de las penurias que padecen. No falta gente que imagine que ese tinglado habrá de desplomarse algún día, para que la libertad y la democracia reaparezcan.

 

Y la expiación también llegará.