Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

8 diciembre, 2017 | 12:00 am

Olmedo Lugo

 

 

Sordo, ciego y sobre todo, sin ningún asomo de sensibilidad, este régimen brutal es incapaz de conmoverse de algún modo con el sufrimiento ajeno. Como ha sido habitual, también el fracaso envolvió a la nueva tentativa para encontrar caminos pacíficos para devolverle al país las esperanzas de una vida diferente al estado de postración absoluta que ahora todos estamos soportando. Aquella suerte de “epopeya” que Nicolás Maduro trató de venderle a los venezolanos, como suerte de gesta salvadora para los tantos males que ahora nos agobian, tal como lo señalaban los pronósticos más solventes, se transformaron en malabarismos retóricos e insustanciales que muy poco tuvieron que ver con las ambiciones de cambios sustanciales, que cultiva una población ya colectivamente desesperanzada por tanta ruindad que presenciamos. Todo estaba escrito y dicho con suficiente antelación. Y es que un régimen totalitario como es este, está negado desde hace mucho tiempo a permitir que el protagonismo de un Estado de Derecho pleno, le ponga un fin a esa paciente pero efectiva labor de demolición, que se lleva a cabo a la luz de todos los soles, y donde la corrupción y el narcotráfico constantemente exhiben sus consistentes y muy afiladas y oprobiosas garras. No pudiera hablarse propiamente de fracaso en esa jornada cumplida en Santo Domingo, porque de algún modo el país entero estaba convencido que de ese encuentro muy pocos resultados alentadores se podría esperar. Allí, como siempre ha sucedido, llegamos con algunos destellos de esperanza, pero de allí también salimos escoteros. Por supuesto que el gobierno no se cansará de publicitar que logró vencer la contumacia opositora para sentarse a conversar, pero todos sabemos que tal como ha estado sucediendo, las vías de solución pacífica para esta deleznable crisis que nos arropa a todos, parecieran definitivamente inaccesibles.

 

-Todos los que padecemos el hambre, la falta de alimentos y medicinas y el alza desmesurada de los precios –dice el amigo-, parecemos confinados a soportar hasta el final, esta horripilante pesadilla. Ya Nicolás Maduro dijo que oficialmente la “ayuda humanitaria” está negada, por cuanto los venezolanos no somos mendigos. Sin embargo, ellos siguen esperando el reconocimiento de la ilegítima constituyente, y también esperan que las sanciones internacionales sean levantadas, pero nada ofrecen para el logro de unas elecciones transparentes, la libertad de los presos políticos y la restitución de los derechos constitucionales a la Asamblea Nacional. Tiempo, dinero y esfuerzos perdidos, para asistir a esas “negociaciones”.

 

A estas alturas, por otra parte, la soberbia e incuria del gobierno, ha tejido un espeso manto sobre todo cuanto acontece en PDVSA. Pareciera que allí se han practicado las más refinadas modalidades de la corrupción, para permitir el enriquecimiento grosero de algunos de sus más encumbrados funcionarios. Dicen algunos que todo ello obedece a pugnas intestinas para alcanzar las posiciones más sobresalientes en la empresa, pero otros apuntan simple y llanamente a la voracidad de un funcionariado que se ha especializado en el robo fácil y rápido de los bienes públicos. El suceso, en todo caso, está siendo ventilado mediáticamente en todo el mundo y ello supone consecuencias imprevisibles para el futuro de la estatal petrolera.

 

Tal vez lo más inquietante es que PDVSA ha sido puesta en manos de un alto jefe militar. Uno, por cierto, de los imputados por el gobierno norteamericano y que al de decir los expertos, muy poca sapiencia tiene del manejo de nuestro fundamental recurso. Cuando menos, es difícil que recobre la antigua prestancia de la firma.

 

Malos presagios.