Quinto Día Online
13 de Diciembre del 2017

Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

Olmedo Lugo

 

 

En su lenta, pero inevadible agonía, el régimen persiste en su creencia de que los militares constituyen el único soporte válido para garantizar su colectivamente cuestionada permanencia en el poder. Ahora, como corolario de esa enfermiza tendencia, le acaban de otorgar a un miembro de la casta militar la conducción de PDVSA, la única y más importante fuente de riqueza que, aunque menguada, aún tenemos los venezolanos para capear un poco esta tenebrosa y diabólica situación que estamos padeciendo. Por supuesto, otros miembros de la institución armada alguna vez estuvieron al frente de esa gran responsabilidad, y en una de esas etapas sobresalió, por sus indiscutibles merecimientos, el general Ravard, quien ofreció testimonios de capacidad y rectitud, que difieren mucho del comportamiento de otros de sus compañeros de profesión, que solo han contribuido en ese trabajo de demolición que en todos los aspectos estamos contemplando en estos tiempos malos. Desde los más altos niveles hasta las más insignificantes posiciones, incluyendo al “líder eterno”, la presencia de uniformados nunca ha sufrido mermas significativas. A ellos, generalmente muy diligentes en el propósito de enriquecerse rápido y fácilmente, es costumbre ubicarlos en cualquier instancia de la administración. Esa élite militarista, que con su abominable sumisión ofreció respaldo armado al “socialismo siglo XXI”, es la misma que se ha ganado la malquerencia y el desprecio de una sociedad mayoritaria, que explicablemente ha saludado todas las sanciones que desde diferentes latitudes, han estado lloviendo en contra de sobresalientes figuras de ese mundo armado.

 

-El gobierno –comenta nuestro amigo- sitiado internacionalmente y con el consistente repudio de la mayoría de los venezolanos, se encuentra en una verdadera encrucijada que pretende resolver con el tan manoseado expediente del diálogo. Si en verdad esto llegara a producirse, los voceros de la disidencia que allí acudan con presencia de los oficiantes internacionales, tendrán que ser muy firmes en las condiciones confiables para abrir las vías del cambio que, más temprano que tarde, podrían permitir la sobrevivencia a esta horripilante situación, que ya nadie soporta. Hasta ahora, esas conversaciones han constituido una secuela dolorosa de fracasos que entumecen los corazones de un pueblo desesperanzado y con hambre, que nunca mereció conocer esta situación. Abrir democráticamente el camino electoral, facilitar los envíos de alimentos y medicinas, por parte de países que han ofrecido ayuda, liberar a todos los presos políticos y otorgarle a la Asamblea Nacional sus atribuciones constitucionales, tienen que ser las peticiones fundamentales que se ventilen en Santo Domingo. De no ser así, y al margen de la retórica, sería una nueva bufonada que cerraría los caminos a una solución pacífica, que todos ansiamos.

 

La vida misma está demostrando que el régimen tiene los tiempos contados. Los flujos de caja están paralizados. Los rusos y chinos, tienen recelos para el otorgamiento de nuevos créditos. Con Cuba, Bolivia y Nicaragua, ya nadie puede contar, y hasta Zimbabue, un viejo aliado, ya ha quedado sin su líder, Mugabe, el “hermano del alma”, del difunto “comandante eterno”.

 

Difícil, por supuesto, conocer el futuro comportamiento del mundo castrense, pero nunca debe olvidarse que según los decires del pueblo, “detrás de la noche más oscura, siempre aparece la aurora”.

 

Horas aciagas.