Quinto Día Online
23 de Enero del 2017

Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

Olmedo Lugo

 

 

Por supuesto que el “imperio” no debe encontrarse excesivamente temeroso por los habituales y muy publicitados “ejercicios de soberanía”, que suelen realizar las fuerzas militares en nuestro país. Para aquel estamento, estos tímidos alardes no representan ningún peligro, pero quienes verdaderamente deberían estar muy asustados son precisamente los cancerberos del régimen, los mismos que más temprano que tarde tendrán que sentir en carne propia los rigores de una expiación que habría de ser del mismo tamaño de tantas y tan variadas calamidades que le han inferido durante casi dos décadas a quienes habitan este -ahora desgraciado- pedazo de planeta que llamamos Venezuela. Y no podría ser de otra manera porque la vesania que los improvisados gobernantes han desplegado a todo lo largo de su tránsito por el poder ha sido de tal naturaleza, que ningún asomo de indulgencia estaría en capacidad de atenuar los sinsabores y dolores que traducidos en hambre, violencia, muerte y miseria, han castigado impunemente a nuestros compatriotas que hoy día se abrazan desesperadamente a las posibilidades de un cambio que ponga un final a tanto padecimiento. Ellos, civiles y militares, intentan esconderse tras la acechanza de los fusiles, pero están absolutamente convencidos que el desprecio de las mayorías nacionales está en la calle y que también invictos se encuentran los propósitos de recuperar la institucionalidad democrática que un aciago día nos arrebataron. Ahora, en vísperas del día en que fue derrocado Pérez Jiménez, pareciera el momento para ejercitar nuestra musculatura cívica y proseguir la inacabada tarea de rescatar nuestros valores democráticos, que se perdieron cuando el difunto “comandante eterno” encandiló a un pueblo que mansamente dejó a un lado antiguas y dilatadas creencias, para luego ser atrapados por esta horrible pesadilla que todos padecemos.

 

-Es indiscutible que este amasijo de gobierno cívico-militar –comenta el amigo- ha sido un fracaso rotundo en todas las esferas del poder. Los militares, sin importar su jerarquía, han dado muestras de una ineptitud impresionante en todos los lugares a los que han sido destinados. Solo han dejado huellas de su incontenible afición para las corruptelas y el trato despótico para quienes se encuentran bajo su supervisión. Del mismo tenor ha sido el comportamiento de los “próceres civiles del chavismo”, quienes aparte de sus visibles carencias administrativas, son adictos a la exhibición, sin ningún pudor, de los bienes malhabidos en el desempeño de sus funciones.

 

Resulta muy difícil imaginar que un gobierno verdaderamente legítimo, apegado a las leyes, pueda dejar impunes tantos hechos contrarios a la decencia pública y las buenas costumbres. En este régimen los civiles y militares han conformado una especie de comparsa que solo se distingue por su voracidad y desparpajo para apropiarse de los bienes públicos y por su manifiesta incapacidad para ejercer la función pública que le fuera asignada.

 

-Muchos de ellos –se alarga la conversa- han cometido delitos que nunca prescriben y por ello el temor que se abriga, porque el castigo, como lo indican las leyes, seguramente les alcanzará con el rigor apropiado.

 

La hora está por llegar.

 

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