Quinto Día Online
20 de Enero del 2017

Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

Olmedo Lugo

 

 

A estas alturas parecieran innegables la existencia de perturbaciones, desencantos y hasta explicables zozobras, pero en medio de tantas e indeseadas turbulencias, nadie -y por supuesto, menos este régimen- se atrevería a negar que la calle tiene otro dueño y que los deseos de ponerle fin a esta horrible pesadilla que vivimos, se mantienen completamente invictos. Si bien los errores, la desmesura en determinados anuncios o la erosiva y subterránea acción de las sabandijas de siempre, no han estado ausente de la esforzada tarea que auspician los promotores del cambio, todos sabemos que la intención predominante es la de subsanarlos y que a pesar de los contratiempos, la Venezuela de estos días, con todos los sinsabores que pudieran enumerarse, tiene las condiciones apropiadas para darle un vuelco sustancial a esta tenebrosa historia de dos décadas que nos dejó, como lúgubre herencia, el “comandante eterno”. Es indudable que mayoritariamente el pueblo cambió de vestimenta porque el rigor de las enormes penurias que ahora padece, pusieron de relieve la magnitud de la estafa de la que fueron víctimas por la engañosa oferta de un mesías que traficó, impunemente, con la mentira y la manipulación. Las erráticas conductas del gobierno, que desesperadamente se aferra en mantener, de muy poco le prestaría ayuda para recobrar los antiguos territorios de aceptación que alguna vez conoció. Allí, donde la incapacidad es silvestre y donde la irracionalidad no admite excepciones, es imposible esperar aperturas para la convivencia civilizada y, menos aún, para suprimir el estado de indefensión al que han sometido a todos los pobladores del país. Con una economía en bancarrota, con las empresas públicas más importantes en vías de extinción y con la permanente amenaza a la actividad privada y los terroríficos efectos de la corrupción, la inseguridad y la muerte, las expectativas que a todos nos esperan en los días por venir, resultan verdaderamente tenebrosas.

 

-Con todos los tropiezos que ha venido enfrentando y seguramente, con otros que sobrevendrán –comenta nuestro amigo de siempre-, la Asamblea Nacional sigue constituyendo el mejor símbolo del pueblo opositor, producto, sin ninguna duda, de la voluntad popular. Tuvo como principal vocero a Henry Ramos Allup, un hombre corajudo y tenaz que nunca dejó de fustigar al régimen con un discurso incisivo e implacable. Ahora, en manos de Julio Borges, personaje de las nuevas promociones de la democracia, todo hace pensar, por el mensaje que ya consignó, que la tónica opositora tendrá el mismo propósito de hacer cuanto sea posible para ponerle un término a esta despreciable pesadilla.

 

Ya liquidado finalmente el llamado diálogo, que sólo decepción y sinsabores concitó en un pueblo urgido de procurar el cambio político, a la oposición, resuelto el problema indiscutible de algunas apetencias personales, le queda abierto el camino para invertir sus mejores esfuerzos en la búsqueda de una vía para encontrarnos con la democracia, la libertad y la paz. Este mismo año pudiéramos ver, con perfecta lucidez, ese dramático tránsito entre las virtudes de la civilización y las enormes carencias y monstruosidades de la barbarie.

 

Soplarán nuevos aires.