Viernes de un Andariego

Viernes de un Andariego

2 marzo, 2018 | 12:00 am

Dominado por el resentimiento, completamente aislado, muy temeroso, y sin los antiguos recursos económicos que ya fueron groseramente dilapidados, el régimen chavista-madurista se siente incapaz de elaborar alguna iniciativa, enderezada a recuperar los restos del innegable esplendor que un día lejano llegó a tener en el seno de la sociedad venezolana. Hoy en día, y por única vez en nuestra historia republicana, el gobierno se encuentra excluido y solitario; sin amigos capaces de salvarlo del naufragio inevitable, y sin posibilidad alguna de aliviar las feroces e insistentes oleadas del repudio, que se origina en los más diversos confines del planeta. Ya poca importancia tiene, al menos para tratar de convencer a sus compatriotas, esgrimir el manido argumento de que las miserias que todos estamos padeciendo, son atribuibles al “imperio”, porque de tanto repetir el infantil predicamento, el mismo se ha vuelto elocuentemente risible. Y mucho más censurable se ha vuelto esa conducta, cuando solo se trata de evadir, a toda costa, las responsabilidades de todas sus malsanas gestiones, carentes de cualquier destello de piedad. Tampoco en el empeño de restaurar aquel anticuado esplendor han servido las muy publicitadas, pero también melancólicas y hasta grotescas movilizaciones militares, encaminadas a mostrarnos como la “potencia castrense” que no somos, y que son motivo de sorna entre los verdaderos conocedores de esa temática. Dicen los historiadores que alguna vez, en siglos pasados, el tirano paraguayo José Gaspar Rodríguez de Francia, intentó aislar a su país del resto del mundo, con resultados muy poco edificantes. Pero en este caso ha sido la parte más civilizada y desarrollada del mundo, la que voluntariamente se niega a otorgarle validez al régimen venezolano, por su persistente empeño en rechazar todas las normas que inspiran y alientan la convivencia democrática.
-Ya cualquiera puede imaginar –es el comentario del amigo- lo que acontecerá con este “carnaval electoral”, decretado por el gobierno. No existen dudas sobre los resultados que con toda seguridad ofrecerá, en su momento, el CNE y que, aparte de la repulsa opositora, tendrá la condena de todos los organismos multinacionales que seguramente endurecerán sus posturas frente al régimen cívico-militar. Ilegítimas, como las vestiduras de la ANC que convocó esos comicios, no podrían ser tampoco válidos los resultados que de ellos se obtengan.
Lo cierto de todo es que los sectores democráticos han recurrido, en estos años de “revolución”, a todos los recursos legales, pacíficos e institucionales para brindarle rumbos más propicios de existencia al ciudadano común. Creyentes como hemos sido en las modalidades que señala la Constitución para ventilar todos los desafíos de la vida en un plano de libertades, ya en estas etapas llegamos a pensar que el totalitarismo, tal como ha ocurrido en otros lugares de la Tierra, es inconmovible a la hora de aceptar mecanismos civilizados, y alejados de la fuerza para la solución de nuestras diferencias. Quizás por ello la percepción que se tiene de que la búsqueda de otras modalidades de lucha y resistencia, tienen que ser emprendidas en el empeño de facilitar los cambios que, mayoritariamente, el país está reclamando.
-En estas contingencias –prosigue la conversa-, que son tan amenazadoras, la disidencia se encuentra obligada a diseñar y utilizar diferentes estilos de combate contra este estado de cosas. Ya pareciera que el régimen, con estos comicios, ha taponado cualquier resquicio democrático que pudiera significar un camino abierto a la civilización y la modernidad. Los talentos de oposición tienen que ponerse en la búsqueda de otras rutas que permitan restaurar la confianza y garantizar el derecho a la sobrevivencia, el más preciado de la humanidad.
El pensamiento es libre.