Una opinión, Cinco temas

¿Vamos bien?

7 septiembre, 2018 | 12:00 am

Los voceros más notorios de la hegemonía roja declaran al unísono que “vamos bien” con el supuesto programa económico. Habría que preguntarse, quiénes son los beneficiados con la palabra “vamos”. Porque el conjunto del pueblo venezolano está peor ahora, que antes de que comenzaran los anuncios del supuesto programa, hace tres semanas. De manera que el pueblo no forma parte del “vamos”.

Lo que queda de empresarios y emprendedores honestos, tampoco están amparados en el “vamos”, porque o están cercanos al cierre, o ya bajaron la santamaría. Entonces ¿Quiénes son los que tienen que ver con el “vamos”? Pues la boliplutocracia. La misma que se viene enriqueciendo de manera avasallante y depredadora, y que ahora lo seguirá haciendo de manera más implacable. Estos son los que “van bien”… Más nadie.

Yo lo garantizo…

Estas tres palabras en boca de Maduro y los suyos, no valen nada. Carecen de la más mínima credibilidad. No merecen ser creídas. Se entiende que suela haber reservas con respecto a las palabras del poder. Pero eso no pasa en esta Venezuela. Acá no hay reservas. Acá hay certeza de que no hay confianza ni aval que pueda provenir del poder. Palabras no faltan. Al contrario, la verborrea es incesante. Sobre todo de promesas. Pero no tienen valor alguno.

Cuando leo o escucho “yo lo garantizo”, o “doy mi palabra”, ya entiendo que se trata de un ardid, de un embuste o de una crasa improvisación. Y estoy seguro que millones de venezolanos, dentro y fuera del país, piensan igual.

La justicia social no es socialismo

Confundir el principio de la justicia social con la ideología socialista-marxista, es un absurdo conceptual. Pero ocurre y cada vez con más frecuencia. De manera que si alguien se presenta como partidario de la justicia social, en lo nacional o internacional, es calificado de socialista-marxista o, cuando menos, proto-socialista-marxista. Lo cual, desde luego, no se puede aceptar. La superación del socialismo-marxista no está en el liberalismo irrestricto. No. Debe estar en una sana combinación de libertad económica y responsabilidad social.

Todo esto viene a cuento, porque hay algunos comentaristas en las redes sociales que, por ignorancia, por dogmatismo, o hasta por mala fe, tratan de formar una corriente de opinión en favor de que el principio histórico de la Justicia Social —fundamento, por ejemplo, de la doctrina social de la Iglesia— no es más que una manifestación de rancio marxismo o anticuado socialismo. Y no es así.

Exportando la crisis humanitaria

Venezuela no sólo está sumida en una profunda crisis humanitaria, sino que además la está exportando a través de la masiva emigración. Países de la región, como Colombia, Ecuador, y hasta Chile, están sintiendo sus efectos. Y están reaccionando para restringir la inmigración de venezolanos, a pesar de la retórica de solidaridad de sus gobiernos. El gran responsable de esta tragedia es la hegemonía roja.

Y por partida doble. Por haberla causado y por no querer reconocerla. La OEA se prepara para discutir el tema. Muy bien. Ojalá no se quede en la discusión o en alguna declaración para salir del paso. El drama es real y se agrava día a día. Y mientras la hegemonía más se empeñe en negarlo, más grave se torna el drama.

La precocidad de Pedro Sánchez

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, miembro del PSOE, realizó una gira gubernativa por América Latina, en la que su discurso se iba moldeando a la orientación política-ideológica de sus anfitriones. Más a la izquierda en Bolivia, menos en Colombia, y en Chile pasó algo especial que la prensa no dejó pasar por debajo de la mesa. Dijo Sánchez que él se había hecho socialista a raíz del derrocamiento de Salvador Allende. Pero resulta que para entonces, el nuevo presidente español aún no cumplía dos años de edad…

Sin duda, un caso de precocidad política nada frecuente. O quizá sea otra cosa: quizá sea que el discurso es más bien “líquido” o adaptable al envase o ambiente en que se presenta. Lo cual, por cierto, no tiene nada de original en estos tiempos en que se “valora” positivamente la llamada “post-ideología”, es decir que los valores son secundarios —en el mejor de los casos— a los intereses inmediatos.