Opinión

“Universidades elitescas”

17 agosto, 2018 | 12:00 am

El ingreso a las universidades elitescas es el tema tratado en el artículo, analizando la figura del ingreso mediante legado o en virtud del “linaje

El título usado por el autor: “¿Cómo logró papá que entrara en Harvard?”, no es desarrollado, dejándonos con la curiosidad que hago extensiva a mis lectores.

El título usado por el autor de un artículo publicado en “Le Monde Diplomatique en español”,(“¿Cómo logró papá que entrara en Harvard?”), me llamó enormemente la atención, despertando mi curiosidad por conocer la nueva forma que nos anuncia el articulista, como medio para entrar en tan prestigiosa universidad. Es sabido que, en los mejores centros de estudios superiores, las exigencias para la admisión son muy severas y, como lo dice el articulista, en tres cuartas partes de las cien universidades públicas y privadas norteamericanas más solicitadas, rige el alegato de que alguno de sus padres fue alumno de la universidad. Estamos hablando de Princeton, Yale, Cornell, Brown, Columbia, Chicago y, naturalmente, Harvard, en la mayoría de las cuales el derecho de sucesión universitaria ha quedado consagrado, esto es, lo que se denomina el derecho de admisión por legado (“legacy preferences”) en virtud del cual, además del índice de notas escolares, del color de la piel, del sexo y del origen geográfico, estas instituciones tienen en cuenta la familia de los candidatos.

Se señala que en una investigación reciente “The Harvard Crimson”, alguno de los progenitores del 29% de los nuevos estudiantes de primer año, cursó sus estudios en Harvard.

La selección por linaje aparece con la Primera Guerra Mundial y estaba destinada a contener el ingreso de hijos de inmigrantes, en especial, de judíos, por cuanto su llegada podía constituir una humillación para las elites anglosajonas en el terreno de la meritocracia. Fue así como se establecieron cupos para los judíos y cuando las críticas fueron demasiado intensas contra este sistema de apreciación, la misma continuó aplicándose pero se aludía a criterios poco serios como el de la “diversidad geográfica” o el de la “descendencia familiar”. En las universidades selectivas los hijos de antiguos estudiantes está en un porcentaje entre el 10% al 25% de la población estudiantil.

No puede dejar de señalarse que, algunas universidades importantes, como es el caso de California Institute of Technology no aceptan esta regla de privilegios. En efecto, para muchos la preferencia de descendientes de antiguos alumnos está relacionado con la posibilidad de obtener donaciones más altas, observándose que las instituciones que reconocen el derecho de sucesión reciben este tipo de donaciones en forma más elevada de las que provienen de otros estudiantes. Igualmente debe señalarse que, en febrero de 2018 grupos estudiantiles de universidades de prestigio en Norteamérica, se manifestaron contra la práctica de favorecer el carácter hereditario del ingreso. A aquellos que critican el ingreso por razones hereditarias se unen los que critican el ingreso fundado en altas donaciones, por cuanto estiman que equivale a una “venta del cupo”.

Pues bien, me quedé muy frustrado cuando me di cuenta que el artículo era exhaustivo en señalar porcentajes, opiniones jurídicas y movimientos a favor y en contra, pero que, en ningún momento nos explica la justificación del título usado (“¿Cómo logró papá que entrara en Harvard?”). Indudablemente que el autor fue muy hábil al ponerlo, por cuanto si bien anuncia que nos ilustrará sobre la forma ideada por su padre, no nos dice si fue razón del linaje o basado en cualquier otro motivo. Indudablemente, pensamos que los articulistas tienen que idear muy bien el título usado si, desean arrastrar con el mismo a los lectores curiosos y ávidos por enterarse de los detalles menos conocidos de las instituciones.