Una opinión, Cinco temas

¿La última carta?

14 septiembre, 2018 | 12:00 am

La centralidad “dramática” que Maduro y los suyos le han dado al supuesto programa económico, pareciera indicar que una especie de apuesta final, que después de esto ya no queda sino el agotamiento definitivo, el desahucio. No sé si es lo que tienen en mente, pero sí percibo que es lo que proyectan. Y claro, ese “programa” nació herido de muerte. No va para ninguna parte que no sea más desastre en todos los órdenes.

¿Estamos presenciando la apuesta de hora undécima con la última carta? No lo sabemos con certeza, pero precisamente por eso no lo podemos descartar. Venezuela no merece ser rematada de esta manera y dejada moribunda sin posibilidad de salvación.

Con el Fondo o sin el Fondo

Tal parece que hay un debate entre algunos economistas de renombre, acerca de si la reconstrucción económica de Venezuela, a corto plazo, puede hacerse sin la intervención del Fondo Monetario Internacional, o si por el contrario, la misma es un requisito indispensable. Se trata de un debate interesante, pero el mismo depende de una situación previa: el cambio radical del sistema de poder que impera en el país. Con el sistema actual, tal debate se hace irrelevante. Con un sistema de poder radicalmente distinto, ese debate, y sus resultados se hacen vitales.

Pero lo primero es lo primero. El cambio radical de una hegemonía despótica a una etapa encaminada hacia la democracia. Cierto que ello no es la especialidad de los economistas, pero también es cierto que la política prela sobre la economía en contextos dramáticos de necesarios cambios en el sistema de poder. En esto no nos debemos equivocar.

Emigrantes “voluntarios”

Jerarcas de la hegemonía declaran que Venezuela es uno de los países de la región con menor número de emigrantes “voluntarios”… Y como Venezuela es el país de la región con mayor número de emigrantes, quiere decir que para estos jerarcas, los millones de venezolanos que se han ido del país son en su gran mayoría, emigrantes “involuntarios”. El truco de la retórica oficialista no funciona. Es demasiado burdo. Cierto que buena parte de nuestros emigrantes no se han ido felices y contentos, pero es que se han ido porque consideraron, con razón, que en Venezuela no se podían quedar.

Y lo consideraron así, porque la hegemonía roja ha destruido al país, hasta el punto de hacerlo incapaz de ofrecer un presente humano y digno a la población, y ni hablar del futuro. Por eso se produce la masiva emigración. Una realidad sin precedentes en una nación que siempre se caracterizó por ser lo contrario: una nación de inmigrantes.

El tema militar

De ese tema conozco poco, y además no conozco a nadie que de verdad tenga un conocimiento profundo y actualizado al respecto. Y mi caso, como comentarista, no es singular. Al revés. Por eso hay tantas especulaciones y rumores. A falta de información confiable, veraz y oportuna, lo que hay es todo tipo de elucubración. Pero hay una realidad que no se puede esconder: los militares no son extraterrestres ni habitan en una burbuja sin conexión con el resto del país. De pronto ese será el caso de algunos pero no de la generalidad.

La catástrofe humanitaria en que está sumida Venezuela no les es ajena, y mucho menos a sus familiares. Las tensiones internas deben ser de marca mayor. Aquí y allá aparecen los síntomas del malestar, que tiene que ser inevitable. El tema militar es un tema esencial para nuestra tragedia nacional.

Obras son amores y no buenas razones

No me parece que el próximo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, sea un loco furioso, como lo retratan sus más enconados adversarios. Tampoco me parece una panacea, como alegan sus fervientes partidarios. Hay que esperar a que tome posesión en diciembre y empiece a gobernar, a adoptar decisiones sobre asuntos difíciles y a asumir las responsabilidades que ello conlleva. Entonces se sabrá cómo es el presidente López Obrador.

Su experiencia de gobierno al frente de Ciudad de México fue exitosa. Otras de sus actuaciones públicas dejaron mucho que desear en términos de sindéresis. Pero sólo cuando se siente en la Silla del Águila y comience a despachar, es que se despejará la incógnita de su presidencia.

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