Una opinión, Cinco temas

Una opinión, cinco temas

9 marzo, 2018 | 12:00 am

Maduro y la crisis humanitaria

Maduro alega que lo de la crisis humanitaria es una campaña sucia contra Venezuela, porque en los restaurantes del este de Caracas se toman garrafas de whisky… La verdad sea dicha, esas garrafas se las deben tomar los boliplutócratas que depredan el patrimonio nacional, por acción y omisión de Maduro. Porque la abrumadora mayoría de los venezolanos no solo están sumidos en una crisis humanitaria, sino que una gran porción de la población pasa hambre y se nota.

Mucha gente hurga en la basura para buscar comida, y pide limosna en las cercanías de los mercados y panaderías. Se aprecia claramente la cantidad de personas que enflaquecen por carecer del mínimo sustento. No, ni siquiera es una crisis humanitaria, sino una catástrofe humanitaria, aunque los boliplutócratas que se benefician del poder, se beban sus garrafas de whisky en los restaurantes más costosos.

La otra campaña

Tiene mucho de tragicomedia la candidatura y la campaña que busca presentarse como la alternativa electoral –opositora– a Maduro. De sustancia, no hay nada perceptible, pero sí hay bastante publicidad. No es novedosa, más o menos las mismas consignas de siempre, y acaso lo especial sea el “preanuncio” de un equipo gubernativo. Si las figuras nombradas han dado o no su consentimiento para ello, no se sabe. Pero todo eso no hace sino resaltar lo tragicómico del asunto.

Maduro debe estar muy entusiasmado con toda esta situación. Le están haciendo un gran favor. Y uno supone que esos favores no son por nada. En Venezuela mucha gente conoce cómo son las cosas, pero fuera del país la información puede causar confusión. Puede dar la impresión de que esas “elecciones” serán competitivas, a pesar de los “bemoles”. En realidad, la otra campaña es la verdadera campaña.

El Petro colombiano

Gustavo Petro es un político de ya largo kilometraje en Colombia. Fue candidato presidencial, fue Alcalde Mayor de Bogotá, Senador, miembro de la Cámara de Representantes, y su militancia en el extinto grupo guerrillero M-19 es una de sus etapas más recordadas, sobre todo por sus adversarios. Viene punteando las encuestas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, pero el aspirante uribista Iván Duque se le está emparejando. Es muy probable que la sucesión de Santos se decida en una segunda vuelta.

Petro es archiconocido en Colombia, y sin embargo lo envuelve un ambiente de incertidumbre acerca del camino por el que empujaría a su país, de llegar al Palacio de Nariño. Puede tratarse de esos candidatos cuya agenda efectiva se mantiene en la penumbra. No creo que Colombia sería favorecida con un gobierno de corte más que populista, que se esperaría de Gustavo Petro. Falta saber si a la hora de la verdad, la mayoría de los electores pensarán así.

Negocia, negocia que algo queda…

Los venezolanos debemos ser parte de uno de los pueblos peor informados del mundo. Y no por falta de información, que esta corre a raudales por todas las redes sociales, sino por carencia de información veraz. Para el poder rojo, la información veraz es un chiste macabro. Para muchos de los que aspiran a acceder a ese poder, la información veraz es una consigna sin mucho contenido. Para muchos de los “expertos” vernáculos que pontifican a cada rato, la información veraz es lo que sus financistas quieren que se difunda.

Si hay un tema en el que la información veraz, como principio constitucional ha sido vapuleada, ése es el de las continuadas negociaciones entre el oficialismo y sus contrarios. “Negocia, negocia, que algo queda” se podría decir, pero con seguridad se puede afirmar que lo que no queda es información veraz.

Trump y los medios

Eso que en EEUU llaman “la gran prensa liberal” y Donald Trump se encuentran en una guerra sin cuartel. La arrogancia de ese tipo de prensa es ilimitada, y sus pareceres editoriales son considerados como la palabra final en el complejo mundo de la opinión pública. O deberá decirse “eran considerados”, porque, entre otros, Trump ha logrado erosionar la credibilidad que disfrutaban y hasta imponían.

Eso no está mal. Todo lo contrario. El New York Times, el Boston Globe o el Washington Post, para solo nombrar a tres ejemplos impresos de esa “gran prensa liberal”, no tienen la influencia, ni el crédito de otrora. Y eso, para mi, son buenas noticias.