Una opinión, Cinco temas

Una opinión, cinco temas

2 marzo, 2018 | 2:13 pm

O chicha o limonada

Con cierta frecuencia suenan voces que denuncian la farsa “electoral”, pero al mismo tiempo tratan de argumentar que se debe votar. No sé cómo se puede compaginar una cosa con la otra. Son excluyentes entre sí, y buscar darle la vuelta no solo es una pérdida de tiempo, sino también exponerse al ridículo o al descrédito. Lo que pasa, quizá, es que la denuncia de la farsa no se puede quedar allí. Eso sería malbaratar una oportunidad, otra vez.
El llamado “boicot” a los “comicios” del 22 de abril debería formar parte de una estrategia más amplia, tanto con participación nacional como internacional. ¿Es eso posible? Creo que sí, pero no lo podría afirmar con certeza. Quisiera hacerlo, pero algunas voces que suenan mucho apuntan en sentido contrario. Esperemos que esta vez la lección haya sido asimilada. O es chicha, o es limonada.

La prosperidad según Jaua

Elías Jaua tiene una consigna sin desperdicio: el camino de Chávez nos va a devolver la prosperidad… En realidad, no sé qué entenderá por “el camino de Chávez”, pero lo cierto del caso es que, sea lo que fuere, esa es la causa principal de que se malbaratara el potencial de prosperidad en Venezuela durante el siglo XXI. En medio de la bonanza petrolera internacional más prolongada y caudalosa de la historia, porque todavía continúa, el país ha sido sumido en una espantosa catástrofe humanitaria. ¿Cómo fue posible semejante tragedia? Pues la única respuesta posible es gracias al camino de Chávez.
Luego es un absurdo pretender que ese tal camino sea la ruta para que nuestra nación vuelva a ser próspera. Nadie pretende que Elías Jaua declare con respeto por las verdades evidentes, pero semejante despropósito merece un comentario. El único camino seguro para que Venezuela se siga hundiendo, es el que lleva en el presente, y eso fue concebido, iniciado y proseguido en los años en que el predecesor estuvo en el poder.

Otro embarque más

La hegemonía busca aprovechar el tema de las criptomonedas –a través del denominado “petro”–, para sortear las exigencias financieras internacionales que tienen encima, en términos de regulaciones, sanciones y máxima desconfianza; al tiempo que puede ser un mecanismo para depredaciones adicionales al patrimonio nacional. El tema de las criptomonedas recibió un duro golpe con la posición adversa de China, además de buena parte de los mercados financieros en medio mundo.
De embarque en embarque, ha transcurrido el trágico periodo de Maduro y los suyos, en todos los aspectos de la vida venezolana; pero en especial en lo económico y social. El “petro” es otro embarque más.

Y sigue la estampida

Todos los días se van venezolanos de Venezuela con la intención de establecerse en otro país. De emigrar. Sobre todo gente joven, que se va casi sin nada, casi a tientas, con la esperanza de un futuro humano, y con la tristeza de irse de su país porque aquí y ahora eso no es posible. Unos se van en avión, otros en chalanas y barcazas, otros por vía terrestre hacia países de América Latina, incluso hacia Argentina y Chile, en viajes de muchos días… Cuando uno escucha tantos casos, o cuando los vive en su propio entorno, de inmediato la reacción es de indignación hacia los responsables de la estampida.
Pero también de admiración por el coraje de estos venezolanos, que se van por el mundo en búsqueda de un destino digno. Coraje que ojalá también sustente el retorno de muchos de nuestros compatriotas, cuando Venezuela, por fin, empiece a cambiar para bien.

El más impopular

José Luis Rodríguez Zapatero ha sido el presidente de gobierno más impopular de la democracia española. Cierto que alcanzó un segundo periodo, pero fue durante éste que su impopularidad batió todos los récords. Pero es que ahora también se ha convertido en el expresidente de gobierno más impopular. Las andanadas periodísticas que recibe del buque insignia de su corriente política, el diario madrileño El País, no son por nada. No.
Son porque Zapatero, como le conoce todo el mundo, se las merece. Tanto porque su “actuación” en el caso venezolano es impresentable, como porque hace todo lo que puede para oxigenar a Maduro y los suyos. No creo que se trate de un tema de conciencia. Las razones son otras, y todo el mundo se las imagina.