Una opinión, Cinco temas

El grupo de “Grima”

23 febrero, 2018 | 7:59 am

El grupo de “Grima”

Algunos voceros del oficialismo están calificando al llamado “Grupo de Lima”, al cual contribuyeron a formar, como el “Grupo de Grima”, lo que significa un vituperio no solo al grupo de cancilleres, sino a la capital latinoamericana que denomina al grupo. Y después estos mismos voceros se quejan de que el presidente del Perú no le conceda la bienvenida al señor Maduro a una reunión internacional que se celebra en su territorio. Y es que una cosa es la crítica, incluso la crítica con dureza, y otra el insulto y la burla. Lo primero es aceptable en las relaciones diplomáticas, lo segundo no.

No se puede andar insultando a todos los críticos, todo el tiempo. O mejor dicho, sí se puede, porque Maduro y los suyos lo hacen, pero luego no tienen derecho a reclamar cuando los críticos agudizan sus denuncias, antes los desplantes y escarnios que reciben de la supuesta “revolución bolivarista”. Lo del “Grupo de Grima” es uno de los insultos más recientes, pero vendrán otros, hasta que la hegemonía sea superada.

 

¿La mesa está servida?

La mesa de la legitimación continuista está servida de parte de la hegemonía, con las anunciadas “elecciones presidenciales” del 22 de abril. De parte de la oposición, un gran sector de la misma no se quiere sentar en esa mesa; otro sector no sabe qué hacer o cómo presentar a la opinión pública su deseo de sentarse, y otro sector ya se sentó. Es lamentable que ello sea así. Pero la mala política es, en el fondo, pura manipulación para engatusar al pueblo y satisfacer los intereses particulares de ciertos factores, por lo general de carácter patrimonial, o más bien depredador.

¿Es inexorable que la mesa se mantenga servida hasta la anunciada fecha comicial? En teoría no. Pero en la práctica, haría falta que el llamado de protesta fuera tan sonoro, que los “comensales” se levantaran de la mesa, o finalmente optaran por no sentarse. Ya veremos…

 

El mecanismo de la resignación

Si al pueblo se le advierte que la única salida admisible es la electoral, y al mismo tiempo se le demuestra que no hay posibilidad de elecciones libres, limpias y justas, entonces la conclusión “impepinable” es que no se puede hacer nada… en otras palabras, la resignación. Lo que pasa es que la primera premisa es inválida: la única salida admisible o constitucional, no es la electoral. Y siendo la segunda premisa válida, entonces la salida electoral, con todo y lo deseable, se hace imposible.

Pero eso es una cosa y otra la resignación. La guerra sucia del oficialismo busca eso: la desmovilización, que cada quien vaya por su lado y se sienta aplastado. Así funciona el mecanismo de la resignación. Pero se puede revertir, y pasando por las propias puertas de la Constitución.

 

La política española

España es una nación histórica de las más importantes del mundo. La democracia española, con su perspectiva de modernidad, de pluralismo efectivo, de reconocimiento y convivencia de las comunidades autónomas, llegó a ser un ejemplo de visión, de conciliación y, agregaría con todas sus letras, de grandeza. Ya no más. La economía está mejorando, es cierto. La estructura económica y social de España es de las más avanzadas de Europa, es cierto. En general, el encanto del ambiente español se mantiene, es cierto. Pero la política española se encuentra en pleno proceso de subdesarrollo.

Es una política pequeña, de melindres para el “quítate tú para ponerme yo”. Una política con un discurso gastado, ya sin aliento, reactivo cuando no cómico, y todo ello conforma un panorama ominoso. Y encima la corrupción, de la que hay pocos huesos sanos en las más altas esferas. No. España la grande no se merece una política de tan baja estatura.

 

Los guerreros del teclado

No le puedo tener simpatía al que escribe sin un mínimo de sentido de responsabilidad, pidiendo que otros hagan la tarea que el escribidor no está dispuesto a hacer. Y de estos, hay de todo tipo de orientación política. Pero esta subespecie de usuarios, volubles y venáticos de las redes sociales, no debería abarcar a toda la gama de los llamados “guerreros del teclado”, que en efecto, critican y denuncian sin descanso.

En un país con la libertad de expresión derruida en los medios convencionales, y con algunos voceros opositores que a veces gritan pero no pasan de allí, hacen falta los guerreros del teclado. Toca discernir quiénes son creíbles y quiénes no.