Una opinión, Cinco temas

Una opinión, cinco temas

9 febrero, 2018 | 12:00 am

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

La unidad, la unidad, la unidad…

 

La unidad no es un fin, sino un medio para un fin. Ese fin, desde luego, es la superación de la hegemonía para empezar a reconstruir la democracia. Si ese fin no se acerca, sino que se aleja, entonces algo se tiene que estar haciendo mal o muy mal, para decirlo con levedad. La unidad es muy importante, en la medida que nos acerca a ese fin, y ella misma se daña si lo que ocurre es lo contrario. Tal cual lo que viene pasando en nuestro país, sobre todo desde el malbaratado año del 2016.

 

La crisis de la unidad no es consecuencia de unos francotiradores obstinados, que siempre están en desacuerdo con todo. No. La crisis de la unidad surge de sí misma; de sus problemas internos, de las dificultades para concebir una estrategia que favorezca el cambio efectivo. No creo que sea difícil entender esta situación, pero si no la entendemos, no podremos remediarla. En ese sentido, lo primario no es la “mudofobia” o la “mudofilia”; en el fondo, dos caras de la misma moneda. Lo primario es la rectificación.

 

Venezuela asaltada

 

 

Asalto a mano armada es parte de la esencia de la llamada “revolución”. ¿Habrá un jerarca que no haya participado en el asalto, continuado y masivo que ha sufrido el país durante el siglo XXI? Es posible, pero quizá no sea probable, al decir de las acusaciones recíprocas o el todo contra todos en materia de inculpación por corrupción, además de las investigaciones, sumarios, juicios y también condenas que tienen lugar en fiscalías y tribunales independientes, de muchos países del mundo.

 

Si la llamada “revolución” fue siempre un pretexto para asaltar el patrimonio nacional, tanto público como privado, no lo sabemos a ciencia cierta. Lo que sí sabemos es que ello ocurrió muy temprano en el paso por el poder del señor Chávez y su entorno, incluyendo al señor Maduro, su sucesor. El asalto ha sido implacable y el monto de lo asaltado es sideral. En pocas palabras, este es un aspecto muy principal de la tragedia venezolana de este siglo.

 

¡Qué riñones!

 

 

El señor Maduro se autodefine como “el candidato del futuro”. Habráse visto semejante descaro. Tiene casi 20 años en los núcleos del poder de la hegemonía, y es responsable como el que más de la destrucción venezolana del siglo XXI. Y con eso a cuestas, se proclama como candidato del futuro. El único futuro del cual él puede ufanarse, es el continuismo del presente, o sea el continuismo de la destrucción de Venezuela.

 

Un futuro así, en verdad siniestro y tenebroso, es lo único que Maduro representa y por tanto está en capacidad de garantizar. Exactamente lo contrario de lo que aspira la abrumadora mayoría de los venezolanos.

 

De las tres, tres…

 

 

Tres suelen ser las condiciones para determinar la existencia de una crisis humanitaria: dificultades extremas para la adquisición de alimentos básicos; dificultades extremas para la adquisición de medicinas básicas; situación de violencia rampante, e imposible de contener por parte de la autoridad pública. Pues en Venezuela se dan las tres y más, porque un turbomotor de la violencia, rampante e incontenible, son las propias “autoridades públicas”.

 

En realidad, hace mucho tiempo que entramos en el terreno de la crisis humanitaria, y ahora nos adentramos en un ámbito aún más gravoso: el de la catástrofe humanitaria. Todo esto es válido para la inmensa mayoría de la población, pero no para las élites de la hegemonía roja, que siguen viviendo en una burbuja de abundancia y corrupción.

 

La enigmática sucesión de Raúl Castro

 

 

Con excusas vanas, el general-presidente de Cuba, Raúl Castro Ruz, en el poder por sucesión dinástica, ha venido posponiendo su anunciada salida de la Presidencia. Hasta ahora, lo que hay son especulaciones de variada índole sobre la identidad de quien vaya a sustituirlo en el cargo. Que no es lo mismo, claro está, que sustituirlo en el poder real. Al parecer hay pretensiones al interior de las familias Castro, que no se pueden menospreciar.

 

Pase lo que pase, debería pasar este año. Pero del “debería” a la realidad, suelen haber trechos importantes en la dictadura castrista. Uno supone que el control de la isla seguirá en manos de los militares, y estos son muy afines al general Raúl Castro Ruz, quien antes de suceder a su hermano Fidel, fue Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, durante largas décadas.