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Inicio › Una Opinión, Cinco TemasUna Opinión, Cinco Temas
El clip o video-documental Caracas, una ciudad de despedidas, ha causado un gran revuelo en las redes sociales y ha suscitado un incipiente debate sobre el desarraigo y la desencanto de muchos jóvenes con respecto a su país, o al menos su país formal. En otras épocas, la identificación con Venezuela y la idea de luchar para mejorarla y dignificarla, eran realidades muy sentidas y tenidas como naturales y sensatas. En otras épocas, repito, se hacía infrecuente la ruptura entre destino personal o familiar y destino nacional. Venezuela es la patria y sólo en ella los venezolanos podían realizarse plenamente como personas, familias y comunidades... Pero ya no es así. La crisis venezolana, acumulada por mucho tiempo y potenciada en este siglo, ha logrado que se produzca y extienda esa ruptura en densos sectores. Por diversos motivos, casi un millón de venezolanos viven fuera del país. Y no pocos con el ánimo de establecerse sin retorno. El que Venezuela se esté consagrando como un país exportador de capital humano (y sobre todo de gente joven), además de exportador de materias primas y de recursos financieros, debería que conmover la conciencia de todos los venezolanos de buena voluntad. De los que no podemos aceptar que Venezuela termine siendo un país de despedidas.
Según las “autoridades” penitenciarias, los caciques o pranes de las cárceles hacen fortunas con sus fechorías. Pero fortunas de magnitud corporativa que contrastan con las cifras rojas de la mayoría de las empresas estatales o las denominadas empresas socialistas. Éstas, desde luego, están siendo depredadas por muchos de sus gestores que sí se empoderan los bolsillos, pero el balance general de sus “administraciones” es desolador. A lo mejor los pranes carceleros podrían echar una manita con las operaciones y cuentas de la economía bolivarista. Hasta una presentación formal deberían ofrecer al gabinete económico en pleno. Después de todo, es difícil imaginar que pueda haber algo peor a lo que hoy se tiene
La fama de guasón del diputado Pedro Carreño, se refuerza más cuando intenta hablar en serio. En un reciente “debate parlamentario” afirmó: “El ex-magistrado Aponte cayó en desgracia por conducta extraña a la revolución”... A ver, que Aponte cayera en desgracia es un hecho que no genera dudas: después de ser el magistrado favorito de Chávez y compañía durante largos años, de pronto pasó a convertirse en “basura de la revolución”, para usar otra expresión de Carreño. Lo que faltaría por precisar es qué significa “conducta extraña” para sus entendederas. Si extraño es lo raro, singular o anómalo, entonces la conducta de Aponte Aponte fue cualquier cosa menos extraña. El que haya generales, gobernadores, ministros, magistrados, comisarios y otros altos funcionarios, civiles y militares, enmorochados en las mismas actividades delictivas del hasta ayer presidente de la Sala Penal del TSJ, rinde suficiente cuenta al respecto. Y el que Venezuela se haya convertido en un edén para la delincuencia organizada, comenzando por el narcotráfico, no es una extrañeza de la “revolución” sino una consecuencia natural de la satrapía.
Un gentío le ha caído encima a Yon Goicoechea por su artículo sobre Pastor Maldonado, o por lo que algunos creen que contenía la pieza. Cierto que la utilización del lenguaje fue desatinada en ciertos pasajes, pero el sentido general del texto, no. De hecho, en un comentario posterior el propio Goicochea lo sintetizó así: “Pienso que Pastor Maldonado es una gran ironía porque una empresa casi a punto de quebrar como Pdvsa, que emite bonos endeudando a las generaciones futuras de los venezolanos ha destinado decenas de millones de dólares a un solo venezolano”. ¿Tiene o no tiene razón Goicochea? Los méritos deportivos de Pastor Maldonado son una cosa, y otra es el contexto de aprovechamiento político a su alrededor. Criticar esto último y hacerlo de manera frontal es saludable para la discusión pública. En particular cuando lo “políticamente correcto” se hace más pesado por la conformidad y el oportunismo
Así como está el grupo BRIC que reúne a las nuevas potencias económicas: Brasil, Rusia, India y China; ahora se ha identificado al conjunto CIVETS que agrupa a 6 países de peso regional con economías de gran dinamismo y potencial: Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica. El concepto fue planteado por la revista The Economist y está adquiriendo una cierta relevancia. Los colombianos, sin duda, están montados sobre el mismo y hacen un esfuerzo notable por proyectarse como un país emblemático de la nueva América Latina. La composición del CIVETS no está exenta de críticas. Primero por los que están: Egipto, por ejemplo, ya no luce como una opción de crecimiento y apertura; y segundo por los que no están: México en nuestro mundo y dónde dejamos a Malasia o Tailandia. Argentina no es tomada en cuenta por el creciente despotismo económico de madame K. ¿Y Venezuela? Mal gracias, porque en materia de listados internacionales nuestra posición no es precisamente envidiable en corrupción, desinversión, inseguridad y desconfianza...





