Quinto Día Online
20 de Octubre del 2017

Una opinión, Cinco temas

Un colapso nunca visto

Un colapso nunca visto

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

 

Un buen amigo que ha viajado mucho y ha vivido en diversos países, algunos de los cuales han sido notorios por crisis de marca mayor, suele comentar que jamás había experimentado un caos como el que padecen Venezuela y los venezolanos. Un colapso sin precedentes, lo denomina un conocido economista, Ricardo Hausmann; y en este caso habría que agregar: sin referentes, porque salvo un país en guerra endémica y atroz, tipo Sudán del Sur, es difícil localizar una situación de colapso como la propiciada por la hegemonía roja.

 

Porque ojo: las situaciones de colapso pueden ser relativas a los niveles de estabilidad que se han desintegrado. No sería igual la percepción de colapso en Dresde que en Mogadishu. Lo cierto es que en Venezuela nada funciona bien, y el desbarrancadero se abisma. Sí, un colapso nunca visto para un país como Venezuela.

 

 

 

 

Caradura

La acusación de ‘caradura’ no es nueva en la realidad política de Venezuela. En la República Civil del siglo XX, un presidente en ejercicio, Luis Herrera Campíns, así calificó a su antecesor, Carlos Andrés Pérez. Pero todo eso quedaría pálido o etéreo, en comparación con el caradurismo del señor Maduro y los suyos. Tienen al país sumido en una catástrofe humanitaria, pero no se cansan de ponderar los “logros históricos” de la supuesta revolución. Hasta han llegado a proclamar que su régimen es “un ejemplo para toda la humanidad”.

 

Si eso no es ser caradura, nada es ser caradura. Pero todavía hay gente en sitios importantes del mundo, que o creen esas mentiras, o se hacen los locos a ver qué beneficio obtienen. Para defender a la hegemonía, sin duda, hace falta una cara de piedra…

 

 

 

 

¡La Tierra es redonda!

En todos los procesos de votación, desde el laberinto del referendo revocatorio del 2003-2004, hasta el presente, se escuchan las mismas denuncias por parte de las mismas personas, que representan a las parcialidades opositoras en la instancia electoral. Una y otra y otra y otra vez, es lo mismo, más los aditamentos que se van incorporando al repertorio del ventajismo, que en realidad es mucho más orgánico que el mero ventajismo, para transmutarse en un sistema comicial entallado a los intereses del oficialismo.

 

Cuando escucho o leo esas denuncias, repetidas hasta el infinito, y por los mismos voceros que, al parecer, no se cansan de repetirlas, lo que me viene a la mente es que la Tierra es redonda. Un pensamiento que, desde luego, no tiene nada de original…

 

 

 

 

Un chiste macabro

En estos días el señor Maduro anunció que convertiría a Venezuela en un gran productor de alimentos… Al respecto, habría que decir algunas cosas. Venezuela fue otrora un productor de alimentos que, en algunos rubros llegaba a abastecer su mercado interno, y en otros, aunque pocos, llegaba a exportar. Todo eso fue arrasado por la supuesta revolución que Maduro se ufana en encarnar. Y entonces, quienes destruyeron la producción de alimentos, ¿cómo van a revitalizarla? Eso es un imposible.

 

Pero además, la “revolución” se convirtió en uno de los principales agentes de importación de alimentos de la región. Y la corrupción correspondiente rompió todos los récords, aparte de los alimentos abandonados, descompuestos y finalmente inexistentes, porque la escasez pica y se extiende, y con ella la hiperinflación. Un chiste macabro que habrá suscitado risitas nerviosas o malévolas.

 

 

 

 

¿Las redes subvierten la democracia?

Hay muchos elementos que indican que la globalización de las redes sociales hace más difícil la existencia de democracias estables y centradas ideológicamente. ¿Por qué? Pues porque lo que vende es el escándalo, muchas veces el extremismo, no pocas la irracionalidad; ya no es sólo la civilización del espectáculo, de la cual hablaba Vargas Llosa, y de la cual terminó formando parte; sino de la civilización del desenfreno, en la generalidad de los ordenes de la vida colectiva, comenzando por la política en la democracia.

 

Trump es una señal al respecto, pero no está solo, sino muy acompañado. Los populismos de derecha o izquierda radical en pleno surgimiento europeo, las celebridades despóticas, tipo Putin, todo eso está potenciado por las redes sociales, en tanto instrumento cada vez más influyente de las percepciones o deformaciones políticas.