Quinto Día Online
24 de Septiembre del 2017

País

Terminal La Bandera: caos y crisis sobre ruedas

Terminal La Bandera: caos y crisis sobre ruedas

Usuarios afirman que no hay seguridad de ningún tipo

 

“No solamente los que estamos a las afueras del terminal corremos peligro, adentro también operan bandas que se encargan de robar a los pasajeros, uno ya sabe cómo es el movimiento”

 

 

María Castaños

Mariivi_casta19@hotmail.com

@mariivi__18

 

 

El terminal de La Bandera fue inaugurado en 1998 por el alcalde del Municipio Libertador, Antonio Ledezma. Desde ese momento ha movilizado más de 10 mil personas por día. En temporada vacacional tiene la capacidad de trasladar hasta un millón de pasajeros a diferentes ciudades del país.

 

Sin embargo, la crisis económica y la falta de empleo han hecho que algunos ciudadanos tengan que recurrir a la venta informal de productos para llevar el pan de cada día a sus hogares, principalmente en los espacios de este terminal. Karla Urdaneta tiene 38 años de edad, es madre soltera y vive con sus tres hijos en el sector del Cementerio, en Caracas. Desde hace 10 años se vio en la obligación de montar un puesto de venta de café en las afueras del terminal de pasajeros La Bandera, porque no encontraba trabajo.

 

“Llego a las 4 de la mañana para montar el puesto. Esa es una hora buena para comenzar a trabajar. El día aquí no es nada fácil, todos estamos propensos a que nos roben. Yo he visto cómo ‘chamos’ arrebatan las carteras, celulares y hasta bolsos a los viajeros. Aquí uno tiene que estar activo”, relató Urdaneta a Quinto Día y dijo que anteriormente contaba con un trabajo estable limpiando oficinas en El Rosal, pero luego de salir embarazada de su tercer hijo, para ella todo cambió. “No me despidieron, pero en mi condición no podía realizar los mismos esfuerzos y preferí poner la renuncia”.

 

Temporadas altas y bajas

Para los comerciantes que allí trabajan, las temporadas altas también son consideradas riesgosas para su seguridad. “Aquí uno ve de todo. A pesar que siempre contábamos con la presencia de la policía, los delincuentes no le paran para cometer los delitos: desde atracados en las unidades de autobuses, hasta robos con armas blancas”.

 

“Aquí nadie está a salvo de vivir un episodio como ese. En la madrugada es peor, porque el terminal se va quedando solo y los policías se reguardan dentro de las instalaciones. Nosotros nos quedamos a la buena de Dios y rogando que la noche transcurra en calma”.

 

Urdaneta trabaja los 12 meses del año, sin descanso, en su puesto de café. Para ella las mejores temporadas para la venta son las vacacionales. “Yo trabajo aquí todos los días del año, cuando no estoy en el puesto es porque no tengo mercancía. Cuando vienen carnavales, Semana Santa, vacaciones escolares y diciembre, aprovecho de vender todo lo que puedo, aunque este año las ventas han disminuido un poco. Debe ser por la situación del país, la cosa no está fácil”.

 

Asimismo Urdaneta señaló que las personas que se trasladan en el terminal siempre están pendientes de sus pertenencias, nunca sacan sus celulares para hacer una llamada. “No solamente los que estamos a las afueras del terminal corremos peligro. Adentro también operan bandas que se encargan de robar a los pasajeros, uno ya sabe cómo es el movimiento”.

 

Por otra parte, Urdaneta señaló que vender en puestos de café se ha vuelto una tarea difícil. No solo tiene que lidiar el tema de la inseguridad, sino con los precios elevados que adjudican los vendedores informales. “La escasez de productos cada vez es mayor y los bachaqueros tienen los productos con precios muy elevados. Una azúcar tiene un costo de 15 mil bolívares, ya el kilo de café está en 45 mil bolívares. Los vasos son un poco más baratos y me rinden porque cada paquete trae 100. Antes, yo vendía arepas, empanadas y chucherías, pero en este momento para mí es difícil invertir en otro tipo de mercancía”.

 

Bachaqueo vs buhonería

La venta informal de productos de primera necesidad, cada vez es más frecuente en los pasillos del terminal terrestre. Un producto como una pasta de dientes, marca Colgate, puede costar en un establecimiento regulado alrededor de 1 mil 300 bolívares. Sin embargo, personas que se catalogan como ‘bachaqueros’ pueden venderlas hasta en 15 mil bolívares, tal como lo explicó Elvira Linares, quien compra y revende estos productos “para poder sobrevivir”.

 

“Yo puedo hacer en una semana el doble de lo que ganaría si trabajara cobrando quince y último. Un paquete de pañales lo puedo vender hasta en 45 mil si son marca Pampers, pero dependiendo de la talla y la cantidad el costo puede variar”. Añadió que “la gente que viaja por el terminal siempre está dispuesta a comprar lo que vendamos, porque son productos que no se consiguen fácilmente”.

 

Linares precisó que ella no decidió ser ‘bachaquera’, pero no tuvo opción. “Si yo en este momento estuviera cobrando sueldo mínimo, no pudiera vivir. ¿Cómo comería si cobrara 43 mil quincenal?”.

 

 


 

¿Y los usuarios qué?

Son muchos los comentarios que realizan los pasajeros que utilizan este terminal de trasporte terrestre, tal como es el caso de José Caro, quien se dirigía a la ciudad de Mérida por la temporada vacacional.

 

“Las colas para comprar pasajes son terribles, existe especulación en cuanto a los costos, y no nos garantizan la existencia de suficientes boletos para todos los pasajeros. Estoy aquí desde las 5 de la mañana y aún no he podido adquirir mi pasaje”.

 

Cuando se trata de la infraestructura y las condiciones en que se encuentran las instalaciones de dicho terminal terrestre, Caro opinó que “es notable el deterioro y la falta de inversión. Los baños siempre están sucios, no hay una sala de espera donde puedas esperar que llegue el autobús donde te vas a trasladar, además es imposible sentirse seguro, ni dentro ni fuera del terminal, ya que siempre hay personas extrañas rondando los pasillos”.

 

Cuando finalmente los pasajeros logran comprar el boleto para ingresar a la unidad, “no existe ningún tipo de mecanismo que permita chequear que ningún usuario esté armado. La Guardia Nacional sólo se encarga de radiar las cédulas, como si eso nos fuera a salvar de ser robados al salir del terminal”, concluyó Caro.