Quinto Día Online
18 de Octubre del 2017

Una opinión, Cinco temas

Tensiones por doquier

Tensiones por doquier

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

 

No sólo en las calles sino en los cuarteles, se siente la tensión. Los sucesos del Fuerte Paramacay, en Valencia, no se entienden fuera de este contexto. Y no puede ser de otra manera, porque los civiles en la calle y los militares en los cuarteles –y también en la calle, forman parte de una misma nación. No son compartimentos estancos, sino expresiones sociales de un mismo y único pueblo: el venezolano.

 

Todas las tensiones aumentan con el pasar de los días. Lo que no necesariamente significa que se expresen con una intensidad definitiva, en lo inmediato. Pero lo que no podrán aliviar desde la hegemonía, son las terribles tensiones políticas, económicas, y sociales. Y no las pueden aliviar porque son causadas desde el poder. Lo que tenemos en Venezuela son tensiones por doquier.

 

 

 

 

Por fuera como la guayabera

Es por lo menos una contradicción flagrante el denunciar que los comicios “constituyentes”, llevados a cabo por el CNE, fueron un fraude monumental, y al día siguiente declarar que se está listo para participar en las elecciones regionales, que se llevarían a cabo por el mismo CNE. Se podrá tratar de darle las vueltas que se quiera al asunto, pero no se puede evitar que sea una contradicción flagrante. Y repito la expresión “que se llevarían a cabo”, porque es harto probable que no ocurran, o al menos que no ocurran en los términos contemplados hasta ahora.

 

Desde el CNE lo han dicho con todas sus letras: las elecciones regionales están sujetas a lo que determine la “constituyente”… Y no parece congruente con el despotismo de la hegemonía, el que se vayan a exponer a una derrota electoral. No se descarta que los partidos tan afanados en las regionales se puedan quedar con la guayabera por fuera…

 

 

 

 

¿Golpes a la democracia?

A cada rato uno escucha o lee a personas informadas, que plantean que tal acción del poder es un golpe a la democracia… y que tal otra también golpea la democracia, y así hasta el infinito. Pero no. Se equivocan. Porque para que pueda haber golpes a la democracia, primero tiene que haber una democracia a la cual golpear. Y en Venezuela, desde hace años, no hay democracia. Ese es el punto crucial que todavía algunos no quieren entender.

 

Cuando desde el poder establecido se hace y deshace lo que venga en gana, sin ninguna limitación distinta al interés político, entonces no puede haber una democracia, porque la esencia de la democracia es que no se pueda hacer lo que venga en gana desde el poder. Lo demás se deriva de esta cuestión. Si no entendemos eso, no entendemos nada.

 

 

 

 

Es inconstitucional… ¿y qué?

Nunca faltan los expertos constitucionales que a cada paso que da la hegemonía, proclaman que es un acto o un hecho “inconstitucional”. Normalmente tienen razón, pero lo trágico del asunto es que no parece importarle a casi nadie. En el oficialismo nada es más inocuo que una denuncia de “inconstitucionalidad”, y en la acera de enfrente o no se entiende bien la materia, o se la considera tan machacada que no se lo toma en serio. Sobre todo cuando después de los anuncios formales de inconstitucionalidad, todo sigue igual, a la espera del próximo anuncio.

 

El planteamiento reiterado de que las ejecutorias de la hegemonía son inconstitucionales, no debería quedarse allí. En la argumentación intelectual o en la preparación de recursos ante instancias foráneas. Algo tan grave debería tener consecuencias prácticas no menos graves. Pero eso no ocurre. De allí que Maduro y los suyos podrán decir para sus adentros: es inconstitucional… ¿y qué?

 

 

 

 

La “solución” de Parolin

La diplomacia vaticana es muy cuidadosa con las palabras. Las declaraciones oficiales hay que leerlas despacio, tratando de identificar los matices, el “espíritu” de los textos. No siempre es fácil. Incluso, lo que a primera vista podría significar una cosa, en perspectiva puede sugerir otra diferente. En fin, una diplomacia de artesanos que conocen muy bien su oficio. Lo que no quiere decir, desde luego, que acierten.

 

En el caso de Venezuela, en líneas generales, me parece que la Secretaría de Estado a cargo del cardenal Parolin, no ha acertado. A pesar que sus expresiones formales sean ahora más críticas. Es difícil de entender, porque Parolin tiene un conocimiento amplio de la tragedia venezolana. La vivió como Nuncio en Venezuela. La “solución” en la que insiste Parolin implica la continuación de Maduro, y eso, lejos de solucionar algo, lo agravará todo. Y no hace falta ser un experimentado diplomático de la Santa Sede para saberlo.