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Pigmalion y Galatea

20 julio, 2018 | 12:00 am

Pigmalion fue un importante rey de Chipre, además de sabio y bondadoso, Pigmalion era un gran escultor, gastaba gran parte de su tiempo en crear hermosas esculturas y a menudo se quedaba hasta tarde trabajando en ellas. Un día Pigmalion se decidió a crear la más hermosa de sus obras, una mujer ideal, cuya belleza fuera inigualable, pasó día y noche trabajando en su obra hasta que por fin la terminó, hizo una doncella tan hermosa que casi llegó a enamorarse de ella Al cabo de un tiempo, Pigmalion asistió a una fiesta en honor de Afrodita, de pronto, delante de todos se puso a rezar a la estatua suplicándole que diera vida a su Galatea, estuvo así algo de tiempo pero al no obtener ninguna respuesta decidió darse por vencido; sin embargo no vio que la estatua de Afrodita, a la que rezaba justo antes de marcharse, le había sonreído al oír sus oraciones. Cuando por fin Pigmalion regresó a su taller, se acercó a su obra lleno de tristeza pensando en ella ya como en un sueño imposible, la beso en los labios y al hacer esto no sintió el frio marfil, sino los cálidos labios de una mujer.

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