Una opinión, Cinco temas

Personajes envilecidos

3 agosto, 2018 | 12:00 am

El poder puede envilecer a quien lo ejerce, si la persona lo hace como le da la gana, y sin respetar los límites propios de los derechos de los demás. Es muy conocida la frase de Lord Acton, un político e historiador inglés de la era victoriana: el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente… Puedo estar equivocado, desde luego, pero no conozco excepciones en cuanto al efecto destructivo y corruptor del poder absoluto. El caso de la Venezuela del siglo XXI es notorio al respecto. El poder se ha ejercido de manera arbitraria, ufana, depredadora e impune. Los resultados políticos, económicos y sociales, en el plano colectivo, están a la vista.

Pero también lo están en el plano específico de los jerarcas de ese poder. Y más todavía en quienes han figurado y figuran como sus representantes principales, por no gastar tinta en quienes se han presentado o presentan como los líderes máximos. Personajes envilecidos por el poder. No lo pueden ocultar, y de pronto están tan envilecidos que ya ni les importa. Venezuela continúa en manos de personajes así.

¿Cuántos ceros?
En el siglo XXI, el período en el cual ha imperado la hegemonía roja sobre Venezuela, al “signo monetario” le quitaron ya tres ceros, anunciaron que le quitarían tres más, y al tiempito anunciaron que en verdad le quitarían cinco ceros. Y ya se plantea que se le quitarán seis ceros. Total, que serían entre ocho y nueve los ceros que le habrán quitado al esmirriado bolívar. ¿Puede haber una demostración de fracaso económico más estruendosa? Es difícil. La salud de la moneda refleja la salud de la economía, incluso con estrategias distintas de desarrollo económico y social.

El esmirriado bolívar está, no en terapia intensiva, sino en situación de eutanasia… Lo han asesinado varias veces en estos años. Porque ojo, una cosa es una devaluación paulatina para corregir distorsiones, o hasta una devaluación importante como “terapia de shock”, y otra cosa es que le terminen quitando casi diez ceros al valor de una moneda. Y para nada, porque la hiper-inflación se agravará, el “resucitado” bolívar, dizque soberano, tendrá poca vida, y todo empeorará mientras la hegemonía roja continúe en el poder. No creo que esto sea complicado de entender…

La periferia somos (casi) todos
En el mensaje pastoral de la Iglesia durante el pontificado de Francisco, el tema de la importancia de las periferias, o los sectores excluidos, ha cobrado una justificada importancia. Y en Venezuela podemos afirmar, sin un ápice de exageración, que aparte de las tribus de la boli-plutocracia, todos los demás pertenecemos a la periferia, a los sectores excluidos, en lo político, económico y social. En otras palabras, nuestro país es pura periferia, pero no sólo en relación con otros países, sino en relación a sí mismo.

Los teólogos de acá, que los hay y muy conocedores de su materia, deberían elaborar una “teología de la periferia”, a partir del desastre venezolano. El meollo de la cuestión es cómo un núcleo de poderosos logran despotizar y depredar al conjunto de una nación, y empujar hacia las periferias a todos los que no formen parte de ese núcleo de potentados. Incluyendo a la jerarquía de la Iglesia venezolana y a todas las instituciones eclesiales.

Oficialismo fracturado
El predecesor era el hegemón de la hegemonía. Por dentro, el oficialismo era un nido de avispas, pero hacia fuera, el hegemón daba la cara. Con el sucesor, el nido de avispas se alborotó todavía más, y muchas de ellas han formado sus nidos aparte. Y además se dedican a criticar, a denunciar, y hasta pedir un “cambio de gobierno ya”, con respecto a Maduro. Y no han faltado los que han presentado querellas formales por corrupción ante la Fiscalía General. Una paradoja, ciertamente, pero ha ocurrido y está ocurriendo.

En oponerse de manera radical a Maduro y su entorno, andan personeros civiles que tuvieron actuación sonora cuando el predecesor —y algunos, también, con el sucesor— y en eso andan, así mismo, militares de figuración notoria a lo largo de estos años de la hegemonía roja. No hay duda posible: el oficialismo está fracturado. Y esa fractura es una situación que puede y debe ser aprovechada para favorecer la causa democrática de los venezolanos.

El populismo de la inmigración
En el presente, ningún país puede mantener una política de fronteras abiertas, y en especial los países más apetecidos por su riqueza y bienestar general, relativamente hablando a los países más pobres. La inmigración, por tanto, tiene que estar sometida a un sistema de controles. Tampoco es factible ni deseable una política de fronteras cerradas. Ahora bien, la inmigración como tema político le importa mucho a los que menos tienen, porque estos son los más vulnerables ante las oleadas de inmigración. No son los pudientes sino los necesitados, los que tienen más que perder, sobre todo en materia laboral.

Por eso la bandera en contra de la inmigración tiene mucha gente a favor. No tanto de las élites, sino de la base social de los países receptores de la inmigración. El populismo, por ende, tiene un campo fértil en esta materia. Y la dinámica política y electoral de Estados Unidos y Europa lo demuestra.