Ultrasecretos

Pedro Sánchez: plagio o no plagio

5 octubre, 2018 | 12:00 am

Pedro Sánchez pasará a la historia como el político en el gobierno más polémico, por un plagio que él dice no ha cometido.

Pero el diario ABC dice que tiene las pruebas.

El periódico español ha publicado parte del documento plagiado.

Políticos e intelectuales han hablado de este incidente. La aceptación del socialista ha caído en el pueblo español. Está en su nivel más bajo.

Este es el documento que sustenta el escándalo. Una buena paella para los partidarios de Rajoy.
Esta es la versión de ABC.

El escándalo surgido tras destaparse el plagio cometido por el presidente del gobierno en su tesis doctoral ha levantado ampollas en todos los ámbitos del sistema universitario, que observa como este tipo de casos perjudica su imagen ante la sociedad.

Con el objetivo de conocer la opinión de los posibles afectados, ABC ha contactado con profesores, doctores, catedráticos y ha constatado el malestar existente entre ellos: la mayoría considera que la universidad debe abrir una investigación y ponen duda el trabajo de Sánchez, reconociendo que, de confirmarse el plagio, el líder socialista debería dimitir.

“Motivos más que sólidos para investigar”. Roberto Blanco Valdés, Catedrático de Derecho (USC), son tales los indicios de que hay cosas raras que hay motivos más que sobrados para que la CJC inicie una investigación. A su juicio, es absolutamente inhabitual que un tribunal de tesis esté compuesto por miembros recién doctorados. En mi experiencia es una cosa insólita, ya que los directores de tesis y los doctorandos buscan miembros de prestigio, porque ahí también se juega el propio prestigio de la tesis”. Cree que se está ante una tesis de mala calidad, al margen de plagios. No cree que los escándalos de las últimas semanas afecten a la universidad en España porque todo es tan escandaloso como excepcional. Y añade: “Convertir documentos oficiales en una tesis es un fraude absoluto”.

“Daña la imagen de las universidades”. Ana Olveira, doctoranda en Economía. “Hacer la tesis no es estar en la biblioteca, sino redactar artículos, publicaciones, y convertir las vacaciones en asistencias a congresos”. A pocos meses de leer su trabajo, tras cinco años de ardua tarea, lamenta que se dañe la imagen del sistema universitario español. “Para muchos de nosotros supone una hipoteca, un préstamo, un sacrificio económico importante; daña a los que dedicamos tiempo a nuestros estudios”.

“La investigación está justificada”. Luis Míguez Macho, catedrático de Derecho (USC). “Por lo que se está contando, no estoy muy seguro de si se plagió o de si se ha encargado la tesis a un tercero”, opina que habría que demostrarlo y comprobarlo. “La pinta que tiene es que encargó el trabajo a un tercero, que no la redactó él mismo. Alguien usó informes y a partir de ahí elaboró el trabajo”. Así, considera que la investigación de la CJC sobre la tesis de Sánchez está justificada para disipar dudas. En este caso no habría irregularidad formal pero “no se ajusta a criterios éticos”, añade.

“El escándalo ayudará al esmero”. Ferran Brunet, profesor de Economía Europea (UAB). Profesor asociado de Economía Europea en el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, señala que sin duda la Universidad Camilo José Cela (UCJC) debería abrir una investigación sobre la tesis de Sánchez.

El profesor de la UAB indica que este escándalo que rodea al presidente puede ayudar a regenerar el sistema de obtención de tesis en España: “Ayudará a que haya más esmero, desterrará el plagio y reducirá el amiguismo”.

“Si plagió, debe irse de la vida pública”. Manuel Martínez Sospedra, doctor en Derecho Universidad de Valencia (UV). “Es pronto para que se pueda sostener con el suficiente fundamento que hay un supuesto de plagio, pero parece claro que sospechas existen, y que cuanto menos algunas tienen pinta de estar fundadas. Tratándose de un personaje público de la relevancia de Sánchez, resultaría procedente una investigación seria, y el primer interesado debería ser él. El mero hecho de la existencia de un supuesto escándalo daña la imagen de la institución y la de sus miembros. Si hubiera plagio habría que mostrarle la puerta de salida de la vida pública”, reflexiona Martínez.

“Devalúa el prestigio universitario”. Juan Ramírez Arlandi, profesor (UMA). “Este escándalo devalúa nuestro ‘prestigio’ y ensombrece el escaso crédito que nos queda ante la sociedad”, explica el profesor de la universidad de Málaga. “Si se demuestra el plagio, supondría un grave menoscabo contra la honestidad académica”, añadió.

“Cualquier plagio nos hace daño”. Alejandro Medina, doctorando de Hematología en Salamanca. Cree que “la apertura de una investigación sería bastante lógica” y que “cualquier plagio hace daño a nuestro sector”. Desde Salamanca afirma que si se demuestra el caso tajantemente, el presidente debería dimitir.

“No todas las tesis reciben el cum laude”. Javier Burrieza, doctor. “En una tesis se evalúa la metodología, las conclusiones, el estado de la cuestión que realiza y, si todo es brillante, se convierte en una autoridad consultada y requerida. Si esto no ocurre, no quiere decir que haya plagio, pero quizás existe un proceso mediocre de elaboración. Soy testigo de que no todas las tesis en la Universidad española están calificadas con sobresaliente cum laude”, dice, a la vez que lamenta que esto devalúe a la universidad.

“Si ha plagiado, debería dimitir”. Diego Medina Morales, catedrático en Filosofía del Derecho (UCO). “Si a un presidente de gobierno se le descubre un plagio merecería la máxima reprobación y debería, en consecuencia, dimitir”, explica el catedrático en Filosofía del Derecho en Córdoba. “El Código Penal castiga el plagio con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de 12 a 24 meses mientras que las universidades recurren a la anulación del título o grado obtenido mediante un trabajo plagiado”, recuerda.

“Estamos ante un panorama sonrojante”. Carlos Flores Juberías, catedrático de Derecho Constitucional (UV). A su juicio, nadie debería estar más interesado en clarificar las acusaciones de plagio y de favoritismo que la Universidad en cuyo seno se defendió esa tesis. Juberías sostenía que la negativa de la UCJC a abrir una investigación solo puede deberse a dos cosas: a que le importe bien poco el deterioro de su imagen o que persista la connivencia entre la institución y su más famoso doctor. Al margen del plagio, el catedrático describe un panorama ya de por sí sonrojante: “el de una tesis doctoral de muy baja calidad, defendida en una universidad de segunda categoría, ante un tribunal de amigos y allegados carentes de reconocimiento académico y trayectoria científica relacionada con el tema a debate, que pese a todo obtuvo la máxima calificación posible”.

ABC reitera que la tesis de Sánchez incurrió en plagios — reconocidos en un 13% por La Moncloa— no enmendados por unas referencias genéricas a los autores que se contienen en la bibliografía final, porque esos autores debieron constar citados a pie de página y a continuación de su texto literal y entrecomillado. ABC reitera que la tesis de Sánchez adolece de autoplagio, admitido por el propio presidente del gobierno en su escrito de rectificación, cuando afirma que “hablar de plagio en este caso resulta simplemente absurdo cuando el autor soy yo mismo”. ¿Qué cree Pedro Sánchez que es el autoplagio, sino exactamente eso?

ABC reitera que el tribunal que valoró y premió la tesis de Pedro Sánchez con un inefable cum laude carecía de nivel científico y contaba entre sus miembros con el coautor de un artículo que Sánchez utilizó en su tesis sin mencionar tal autoría. ¿Es ético ser evaluado por quien tiene interés directo en el contenido de la tesis doctoral?

ABC se ratifica en el inverosímil breve plazo que empleó Sánchez para su tesis doctoral —recopilar material, leerlo, ordenarlo y procesarlo, volcarlo en borradores, editar el texto final, someterlo al procedimiento administrativo de la Universidad ¿en un año?—, cuando en septiembre de 2011 pedía ayuda por Twitter y la defendió en noviembre de 2012. Imaginamos el bochorno que sentirán los doctores que lean semejantes explicaciones y las cotejen con el esfuerzo que exige una verdadera tesis doctoral, tutelada por un director con responsabilidad y auténtico espíritu científico; absorbiendo años de estudio y juventud; y orientada a ser juzgada por un tribunal que, aun seleccionado por la Universidad, integrará académicos que procurarán dejar constancia crítica de su conocimiento.

Se llama excelencia, señor presidente. Las explicaciones de Pedro Sánchez suenan a victimismo para eludir una realidad que se impone por sí sola sobre las condiciones académicas de su tesis doctoral.

Sus amenazas a ABC no disuelven la verdad de los hechos informados en estos días y de los que se informen en el futuro. Durante años, Pedro Sánchez ha escondido su tesis doctoral, pese a que ha expresado recientemente su orgullo por ella. Sólo cuando ABC ofreció a la opinión pública datos concretos no desmentidos, el presidente del gobierno se vio forzado a rectificar —otra vez, otro más— y dar publicidad al texto. Eso sí, embarcando antes a la presidencia del gobierno, como si fuera su responsabilidad, en el filtrado de la tesis por unos programas de detección de plagios.

No era incumbencia de La Moncloa semejante respuesta, sino de la Universidad Camilo José Cela. Sin embargo, los nervios pasan estas facturas. Tampoco iba a dimitir la exministra de Sanidad, Carmen Montón, y a las pocas horas lo hizo porque su máster era un fraude y su TFM, un plagio. Tampoco iban a vender bombas a Arabia Saudí, y ya están allí.