Una opinión, Cinco temas

¿Pacificación?

8 junio, 2018 | 12:00 am

Excarcelar a algunos presos políticos que fueron privados de su libertad por las malas y las peores (en realidad, secuestrados), y que, muchos de ellos y ellas, permanecen con “medidas judiciales”, que son una amenaza directa de que en cualquier momento los vuelven a encarcelar (secuestrar), no constituye, ni de lejos, proceso alguno de pacificación. Para que en una sociedad convulsa y sojuzgada como la venezolana, pueda haber una pacificación propiamente dicha, primero tiene que haber una liberación de las cadenas de la hegemonía, y un examen honesto y justo de las atrocidades cometidas en estos años y de las derivadas responsabilidades.

Sólo así Venezuela podrá entrar en una etapa de pacificación de su vida pública, que no significa la eliminación de los conflictos —cosa imposible—, sino que estos se encaucen por el estado de derecho y el respeto democrático. Bajo la égida de la hegemonía roja, la llamada pacificación es, básicamente, un ejercicio de propaganda.

La soledad de Almagro

Solamente por motivos impresentables es que podría entenderse el magro apoyo que Luis Almagro —el socialista uruguayo que ocupa el cargo de Secretario General de la OEA— ha tenido y tiene en sonoros sectores de la “oposición” venezolana. Y cuando digo “impresentables”, es exactamente lo que usted, amable lector, está pensando y quizá contando… Almagro acaba de hacer público un Informe en el que se denuncian los crímenes de lesa humanidad que el poder establecido en Venezuela, perpetra a diestra y siniestra, y hasta ha declarado que Maduro bien podría ser enjuiciado en la Corte Penal Internacional.

El silencio de algunos es ensordecedor. Es un silencio cómplice, porque no puede ser ni ignorante ni tonto. Almagro es, quizás, el mejor aliado que tiene la causa democrática venezolana en el exterior. El que no se le secunde en el interior, y hasta se le rechace con hipócrita indignación, también equivale a un crimen de lesa humanidad. En un reciente escrito, Tulio Álvarez señala lo siguiente: “No puedo terminar sin plantear una tormentosa pregunta: ¿Cuál razón existe para que, en lo interno, se haya silenciado en Venezuela el Informe de la OEA? Ayúdenme a contestarla”…

Petróleo y remesas

Las exportaciones petroleras están dejando de ser la principal fuente de ingresos en divisas para el país. Y no porque estén aumentando las exportaciones no-petroleras que, en realidad, prácticamente han dejado de existir. Tampoco porque estén aumentando las inversiones extranjeras o el turismo internacional, que brillan por su ausencia. Nada de eso. Es por las denominadas remesas que los millones de venezolanos que han emigrado, están enviando a sus familiares en Venezuela, para que puedan sobrevivir en medio de la tragedia nacional.

¿A cuánto montan las remesas? No se sabe con exactitud, pero algunas estimaciones las colocan en el orden de 5 mil millones de dólares al año e incluso más. Y la cifra que sea tenderá a subir, en la medida que se incremente la emigración, lo que ocurre día tras día.

Sobre la ayuda humanitaria

Un país que padece, no ya una crisis humanitaria, sino una catástrofe humanitaria, necesita de ayuda humanitaria. Es el caso de Venezuela. Pero como la hegemonía alega que aquí no hay ninguna crisis humanitaria, entonces tampoco permite la ayuda humanitaria. Y para añadir insulto a la herida, proclama que le enviará ayuda humanitaria a Cuba, por causa del paso de un huracán… Y estará presta a enviar “ayuda humanitaria”, por razones de publicidad política, a quién le interese.

La verdad sea dicha, una razón muy principal de que Venezuela esté en situación de catástrofe humanitaria en medio de una bonanza petrolera, es porque la hegemonía roja se ha transmutado en una colonia cubana, y el castrismo es insaciable a la hora de depredar los recursos venezolanos. Mientras Maduro esté donde está, no será posible que acceda la ayuda humanitaria al territorio nacional. Y lo del “canal humanitario” seguirá siendo lo que ha sido, una mera ilusión.

Pedro Sánchez en La Moncloa

El PSOE prefirió pactar con Podemos para sacar a Mariano Rajoy, antes que permitir que Rajoy y el PP se quedaran en La Moncloa. Una jugada arriesgada, no sólo para el nuevo presidente del gobierno español y líder del PSOE, Pedro Sánchez, sino para el conjunto de España. Porque el arribo de Podemos al poder de la nueva coalición mayoritaria, los coloca, desde luego, en una posición privilegiada para influir en el futuro de España. Cuesta imaginar que tal influencia pueda ser benéfica.

En el caso de Venezuela ha sido y es nefasta. Y la seguirá siendo, ahora que Podemos tiene vara alta en el gobierno español. ¿Tenía otra alternativa el menguado PSOE? No sé, pero en la dinámica política siempre hay, al menos teóricamente, alternativas. Veremos cómo se va perfilando la situación en España. Y no pasará mucho tiempo para confirmar lo arriesgado de la apuesta de Sánchez y el PSOE. Es muy probable que la apuesta sea mala para España. Pero es seguro que será muy mala para Venezuela.