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Pacientes renales en Venezuela, sin filtro para la vida

23 febrero, 2018 | 6:56 am

El futuro para las personas trasplantadas de riñón se presenta como incierto, y poco esperanzador. Con más de 30 unidades de diálisis paralizadas, falta de insumos y 16 mil pacientes que no han recibido el tratamiento oportuno, las especialidades nefrológicas viven horas muy oscuras.
El Semanario Quinto Día entrevistó a Francisco Valencia, presidente de Codevida y quien nos cuenta su experiencia como paciente renal.
Para Valencia la situación pasa por una crisis muy aguda, ya que en el sector salud hay “una ausencia prolongada y absoluta en el tratamiento de supresores, que son medicamentos para evitar el rechazo de los órganos trasplantados”.
Según el presidente de Codevida no es exagerado calificar este año como “devastador”, principalmente porque no se han tomado las medidas correctivas ya que según sus propias palabras, “en el mes de enero hemos reportado 30 rechazos agudos de órganos”.
María Yánez, médico nefrólogo y expresidenta de la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas, explica que la situación de los pacientes renales en diálisis y de aquellos que fueron trasplantados, y que recuperaron su calidad de vida con un trasplante renal, ahora están a punto de volver a retroceder en esa calidad de vida, en el sentido de que tendrían que volver a diálisis y en el caso de un paciente de riñón, debido a la falta de inmunosupresores. La situación con las plantas de diálisis es crítica porque muchos centros de unidades de diálisis públicas están inoperativas, ¿por qué? Porque o hay fallas en las máquinas, o porque sencillamente no funciona la planta de tratamiento, que es fundamental para el proceso de hemodiálisis”.
De la misma manera, Francisco Valencia especifica que tras esos rechazos agudos, nueve culminaron en pérdida de órgano, según un comunicado que se dio a conocer en las redes sociales de Codevida, el 16 de febrero del 2018. Valencia también añade que la gravedad del desabastecimiento en inmunosupresores es el principal problema a atacar, ya que “una vez que una persona experimenta el rechazo a un órgano es muy difícil que pueda volver a trasplantarse”.

El rechazo después del trasplante
Valencia agrega que para una persona trasplantada el cuidado es fundamental, ya que “por más que se haya recibido un implante vivo de alguien relacionado, por lo menos en mi caso, que mi donante fue mi madre, el trasplante que recibí no pertenece a mi cuerpo, ¿entiendes? La única forma de mantenerlo funcionando y evitar un rechazo es a través de medicamentos, para bajar el patrón inmunológico del cuerpo a través de las defensas y evitar que el cuerpo rechace el órgano trasplantado”, recalcó.
El presidente de Codevida explica que se ha llegado a esta situación debido al cúmulo de muchas cosas, principalmente por la falta de recursos, que ha traído como consecuencia que “el gobierno haya olvidado y cerrado los programas que existían de trasplantes en Venezuela. En segundo lugar, el Instituto Venezolano de Seguros Sociales dejó de comprar medicamentos hace tiempo por el monto que se le adeuda a las farmacéuticas, y estamos hablando de casi 5 mil millones de dólares, que es la deuda que el gobierno tiene con el sector Salud”.
En el caso de los equipos de diálisis, Valencia dice que la insuficiencia de máquinas de diálisis a nivel nacional es crítica, lo que ha dado como consecuencia que se reduzcan drásticamente las horas destinadas a esta terapia. “Una terapia de diálisis debe durar cuatro horas, y debe hacerse interdiaria para mantener una calidad de vida de las personas que no tienen una función renal. ¿Por qué se han reducido las horas de diálisis, en las unidades? Primero, porque el gobierno ha dejado de despachar los medicamentos e insumos de forma continua, no solamente hablemos de los filtros, que suelen ser el gran problema de muchos; una persona en diálisis depende de medicamentos como complejo vitamínico B, hierro y eritoproyetina, necesarias para el paciente al terminar la dialización”.
La falta de esta terapia, según Valencia, tiene consecuencias negativas en el paciente a corto, largo y mediano plazo, ya que “si no se dializan, mueren. El único sustento de vida para estas personas es la diálisis; principalmente porque no tiene función renal. No puede depurar las impurezas; no puede orinar y botar el líquido, por eso es que es tan alarmante, igual el tema de los trasplantados; con que deje de tomar el medicamento por una semana, tiene consecuencias gravísimas a su salud”, señaló el presidente de Codevida.
Para Yánez, la problemática de los pacientes trasplantados radica en que “los trasplantes están suspendidos en Venezuela; el programa de procura de órganos y tejidos está suspendido y ese es uno de los problemas porque hay muchos pacientes que están a la espera de un trasplante. Ahora, se calcula entre 2 500 o 3 mil pacientes que están trasplantados están viviendo un drama porque no se consiguen la mayoría de los inmunosupresores”.
La expresidenta de la Red de Sociedades Científicas y Médicas Venezolanas enfatiza que “se está despachando uno solo, a nivel de Seguro Social (tacrol) y es un medicamento que viene por convenio con la India, y a veces no les dan el esquema completo de tratamiento para un mes o para dos meses, este se debe seguir de por vida porque si no, viene el rechazo del órgano trasplantado”, puntualiza.
De la misma forma, Francisco Valencia señala que las unidades de diálisis extra hospitalarias corren el mismo riesgo de paralización, ya que “aunque sean privadas son subsidiadas por el gobierno nacional. El Ejecutivo paga 40 mil bolívares por cada paciente dializado. Esto ha llevado a que las unidades colapsen, no presten los servicios o no lo hagan de una manera adecuada”. Al ser consultado sobre el costo de un tratamiento en clínica privada, especificó que el mismo puede llegar a costar 50 mil dólares.
El presidente de Codevida añade que el proceso de dialización es de sumo cuidado, ya que “si no se hacen los mantenimientos de lavado, cada vez que viene un turno de diálisis, no se puede recibir otro paciente”. Explica que si no se cumple con estos parámetros o existe contaminación en los tanques de agua, se van a contaminar los pacientes. “En suma, es necesario que se active el mismo protocolo que existía años atrás, que era muy estricto. Las personas que eran portadoras de hepatitis C no se dializaban en las mismas máquinas que las personas no portadoras de la enfermedad”.
Por último, Valencia es enfático al señalar que “el subsidio tiene que existir, porque lo dice la Constitución, la salud es gratuita. Lo que tiene que hacer el gobierno es sincerar los precios y una vez que establecen los precios, hay que exigirle a las unidades de diálisis que cumplan con los requisitos mínimos para mantenerse. Por otro lado, tiene que existir el compromiso de despachar los medicamentos necesarios para que la gente pueda llevar su tratamiento”.

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