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Orfeo y Eurídice

31 agosto, 2018 | 12:00 am

Orfeo, hijo de Apolo (y nieto de Zeus) y de Calíope, poseía el don de la música y de la poesía. Enamorado perdidamente de Eurídice, la convierte felizmente en su esposa. Un nefasto día pisó una serpiente venenosa y, mordida por ésta, murió. La pena invadió entonces a Orfeo, y llorando desconsoladamente a las orillas del río Estrimón, entonó canciones tan tristes que todos los dioses y todas las ninfas le incitaron a descender al inframundo. Una vez hubo llegado ante Hades y Perséfone utilizó de nuevo su música consiguiendo convencerlos de dar a Eurídice la oportunidad de regresar al mundo de los vivos. Pero pusieron una condición: Orfeo debía caminar siempre delante de ella y no mirarla hasta que ambos hubieran llegado arriba, y los rayos del sol hubieran bañado por completo a Eurídice. El camino de regreso se hizo terriblemente largo. Ya en la superficie, Orfeo, al borde de la desesperación, giró la cabeza creyendo que todo había pasado, pero Eurídice aún tenía un pie a la sombra y, en ese preciso instante, se desvaneció en el aire, ya sin posibilidad de volver de nuevo.

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