Una opinión, Cinco temas

Orfandad

15 diciembre, 2017 | 12:00 am

Fernando Luis Egaña

flegana@gmail.com

 

 

Si algo demostró el remedo de elecciones municipales, recién efectuado, es que la gran mayoría del pueblo venezolano no se siente representado por nadie. Rechaza al poder que representa a Maduro, pero no apoya a los que se presentan como sus alternativas electorales. O por lo menos, no apoya a gran parte de éstos. Es difícil obtener una precisión exacta, pero es obvio que mucha gente que votó por candidatos no oficialistas, lo hizo para protestar contra los oficialistas.

 

De eso se trata la orfandad. Y claro, quien más se perjudica es el huérfano; es decir, el pueblo. Y quién más se beneficia es que el que ocupa el poder, porque no tiene un rival dispuesto a sustituirlo de verdad; o sea, a través de un cambio de fondo y efectivo. Para superar a la hegemonía, tiene que conformarse una conducción política con verdadero compromiso, no con palabras que sirven para interpretaciones contradictorias.

 

 

 

 

De Zayas y la crisis humanitaria

Un asesor de la ONU, Alfred de Zayas, se pasó unos pocos días en Venezuela y llegó a la conclusión de que aquí no hay una crisis humanitaria, sino algunos problemas de violencia y escasez… El problema de violencia que reconoce el referido asesor es que nuestro país ha sido transmutado en uno de los más violentos del mundo. Y el problema de escasez, por ejemplo, es que no hay alimentos básicos y medicinas. ¡Cualquier cosa!

 

Si en algo puedo concordar con el asesor, que fue muy bien recibido por los jefes de la hegemonía roja, es que en efecto, ya no hay una crisis humanitaria. Lo que hay es una catástrofe humanitaria, que es mucho peor. Y diga lo que diga el señor de Zayas, la realidad es como es. Aunque él no haya podido o querido apreciarla en su trágica dimensión.

 

 

 

 

Lo que les da la gana…

Mientras Maduro y los suyos hagan y deshagan a su antojo, en Venezuela no habrá cambio real. La medida del cambio, por tanto, es que el poder esté condicionado por instituciones, siendo la más importante la Constitución. Eso no es así en el presente, como tampoco desde por lo menos 2004, cuando el predecesor le “pasó la pierna al caballo”, después del fallido revocatorio.

 

Los “expertos” podrán escribir chorros de tinta sobre todos los cambios que, según ellos, podrían estar a la vuelta de la esquina, pero si Maduro y los suyos siguen haciendo y deshaciendo lo que les da la gana, todo eso será vana ilusión…

 

 

 

 

¿Vigorosa democracia?

Voceros del poder establecido, afirman que en nuestro país existe una vigorosa democracia… Aquí lo único vigoroso es el despotismo, la depredación, la corrupción y el envilecimiento de la vida nacional. Expresiones de la misma realidad que se padece, o la hegemonía roja que destruye a la patria. También debería aclararse que deben ser vigorosas las cuentas bancarias que los integrantes de la boliplutocracia tienen en el exterior. Opiniones bien calibradas, sostienen que el desfalco en estos años puede llegar a los 500 mil millones de dólares. Si ello es así, el saqueo de los fondos públicos venezolanos sería el más vigoroso del mundo.

 

¿Vigorosa democracia? En Venezuela nada que ver. Todo lo contrario. Ese tipo de afirmaciones, además de ser notoriamente falsas, son una bofetada para toda la gente que aspira a vivir en una democracia, que tendrá que ser reconstruida desde sus propios cimientos.

 

 

 

 

Jerusalén

Jerusalén es la capital histórica de Israel. De eso no puede haber duda razonable. Otra cosa es que sea reconocida como capital del Estado de Israel, proclamado en 1948, y del cual un sector importante de Jerusalén no formó parte, hasta el triunfo militar israelí en la llamada Guerra de los Seis Días, en 1967.El principal aliado de Israel, Estados Unidos, acaba de reconocerla como capital política y trasladará su embajada hasta allá. Una medida controversial, cuya oportunidad puede discutirse con argumentos en pro y en contra. Pero no es una medida absurda.

 

Jerusalén, desde luego, es una gran ciudad para las tres religiones monoteístas. Para el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam. Tiene que ser, por tanto, una ciudad abierta y receptiva. No es fácil mantener esa disposición en medio de los conflictos del Medio Oriente, y en especial entre Israel y los palestinos. En realidad, Jerusalén es un patrimonio de toda la humanidad, y nadie puede ser indiferente a su destino.