Quinto Día Online
27 de Julio del 2017

Reflexiones

¿Olvidamos a Noriega?

¿Olvidamos a Noriega?

Luis Beltrán Petrosini

reflexionesqd@gmail.com

 

 

No luce irreal estimar que los venezolanos nos encontramos hoy en medio de una especie de falla tectónica que se encuentra en permanente movimiento. Lo que parece cierto en un momento dado, poco tiempo después muestra pruebas convincentes de su falsedad. En estos momentos, una inmensa mayoría de ciudadanos tiene la convicción de que este régimen no tiene futuro alguno, que se acabó, que está liquidado, que no gobierna, aunque continuemos soportando la barbarie a la que nos tiene sometidos, lo que nos demuestra que los bárbaros todavía existen. Y entonces nos preguntamos, ¿y cómo y cuándo se acaba? Es la interrogante que a diario escucho en boca de muchos y que se repite día tras día. La respuesta que doy no varía: sé que desaparecerá, es imposible que subsista -así como no subsistió la Unión Soviética, así como el nazismo de los mil años y el fascismo de Mussolini terminaron humillados en medio del fracaso más estruendoso-, pero no sé cómo ni cuándo, aunque todo me lleva a concluir que su final será más temprano que tarde. Pero recordemos un poco nuestra historia reciente para tratar de entender esta maraña.

 

En los años en los que los precios petroleros alcanzaron niveles nunca vistos, el gobierno dispuso de recursos más que suficientes para satisfacer las necesidades básicas de la mayoría de la población y, adicionalmente, compensar con generosidad la lealtad de los que, ambas rodillas en tierra, alababan su exitosa gestión. Fue de tal magnitud la cantidad de recursos financieros puestos a disposición del monarca que, con todo y el enorme monto sustraído de manera corrupta, hasta pudo comprar voluntades en dirigentes de países dispuestos a humillarse ante el gorila criollo, con tal de recibir una mesada interesante para sus gobernados y para sus propios bolsillos. Así se garantizó apoyo internacional al “proyecto revolucionario”. Todo parecía marchar viento en popa, hasta que, inclusive antes del deterioro de los precios petroleros, ya se comenzaron a observar síntomas inequívocos de que algo no estaba funcionando bien.

 

La guinda que le faltaba al cóctel nos la dejó el galáctico inmortal al obsequiarnos su auténtico legado: un ignorante incapaz al frente de la dirección del país. Así se comenzó a acentuar el enorme deterioro económico que inmediatamente se tradujo en la virulenta crispación política, efecto que, a su vez, influyó aún más en el derrumbe de la economía. No quisiera insistir en citas que muestran el desastre económico, muchos colegas lo han hecho casi a diario, pero es imposible soslayar la caída de nuestro Producto Interno Bruto en 30% en los últimos tres años y el nivel de inflación que sufrimos, el más alto del mundo, y por mucho. Esto no lo han sufrido inclusive países que han pasado por cruentas guerras.

 

En cualquier parte del mundo una sociedad que transitase por una situación similar se las ingeniaría para cambiar el gobierno. Aquí se ha intentado y no se ha logrado… aún. No entraré a razonar las causas por las cuales esto no ha ocurrido, pues esos diagnósticos me parecen una pérdida de tiempo. La pregunta obligada es: ¿Qué sostiene a un gobierno causante del gigantesco desastre que vivimos? En mi opinión, en primer lugar, unas Fuerzas Armadas que han desconocido en forma miserable la obligación que les asigna una Constitución que juraron defender, lo cual constituye un delito inexcusable y que los venezolanos no debemos olvidar nunca. En segundo lugar, una mafia integrada por auténticos carteles que se han dividido las áreas claves del país. Tenemos el cartel del petróleo -el poco que producimos ya-, el cartel de las pocas divisas que nos quedan, el cartel de la importación y distribución de alimentos, el cartel judicial, el cartel del oro y minerales estratégicos de Guayana, el cartel que organiza y dirige las bandas armadas de los llamados colectivos, y, adicionalmente a varios más, uno muy importante y rentable, ese que permite que toneladas de drogas salgan impunemente en un avión por el aeropuerto de Maiquetía y que haya convertido a Venezuela, según reportes de organismos especializados internacionales, en uno de los mayores centros de distribución de drogas a Europa y Estados Unidos. Curiosamente, al frente de casi todos esos carteles se encuentra un general.

 

La recuperación del país pasa por un cambio total de rumbo en materia económica. Este gobierno no va a proceder en este sentido, por lo que el deterioro se profundizará, ya que no se disponen de recursos para seguir manteniendo niveles mínimos de abastecimiento de productos esenciales y tampoco existen posibilidades de financiamiento externo que permita tal objetivo. De manera, pues, que las protestas van a continuar y crecerán, pues en algún momento se sumarán los más desposeídos, quienes hasta ahora habían sido un apoyo fundamental para el régimen. La anarquía y el caos se incrementarán y es muy probable que ocurra un estallido social, ya incontenible. Alguien tendrá que poner orden; ¿podrán las Fuerzas Armadas promover acuerdos mínimos que garanticen una convivencia que permita iniciar la reconstrucción del país, algo que sólo se puede lograr mediante elecciones libres y transparentes? El contexto internacional no apoyaría un golpe militar en Venezuela, actuación que haría imposible la obtención de la asistencia financiera multilateral, indispensable para generar nuevas condiciones. Ante el enorme caos existente, la presión internacional se hará más fuerte y no sabemos hasta dónde pueda llegar. Lo que ocurrió en la antigua Yugoslavia y en Panamá, ¿no puede ocurrir aquí?