Una opinión, Cinco temas

Ni se puede ni se debe…

20 julio, 2018 | 12:00 am

Un representante de lo poco que queda del sector privado lícito, dijo que él no le creía nada a Maduro. Comparto eso. Yo tampoco le creo nada. Pero el tema de creerle o no, no se limita a la posibilidad de creerle o no. Va más allá. Tiene que ver con el deber —sí, con el deber— de no creerle. Es decir, no es sólo que no se le puede creer, es que no se le debe creer. Una falsedad no puede ser creída. Pero un falseador no debe ser creído.

No exagero al sospechar que no hay en la faz de la tierra unos falseadores más notorios que los jerarcas que destruyen a Venezuela. Llevan ya casi 20 años en ello. A veces de manera crasa y otras de forma habilidosa. Y las falsedades son como disparos de metralleta. Todos los días. Todo el día. Los venezolanos tenemos el deber de no creerles. De no creerles nada.

¿Entendieron o no entendieron?
La llamada salida electoral fue bloqueada por la hegemonía hace años. Lo que no significa que se dejen de escenificar “procesos electorales” para tratar de mantener ciertas apariencias hacia el exterior. Los voceros que se identifican con la oposición, que persisten en formar parte de esa comparsa o en participar en esas tramoyas, pueden que no hayan entendido nada y se encuentren como perdidos en el espacio. O pueden que lo hayan entendido todo y hayan aterrizado en las realidades prácticas de los beneficios de la depredación.

No dudo que haya gente en la primera categoría. Son de una candidez irredimible. Pero el grueso debe estar en la segunda categoría. Esos de inocencia no tienen nada, comenzando por la de carácter penal. ¿Entendieron o no entendieron? Parece que sí, aunque ese entendimiento suponga el continuismo de la hegemonía.

Ignorancia y desinterés
La ignorancia es un mal que tiene cura: el conocimiento. Pero para conocer hay que interesarse en conocer. No hay otra. Por eso es que la ignorancia con desinterés es muy difícil de remediar. En realidad es prácticamente imposible. Todo esto lo digo por lo que observo en nuestra inestable opinión publicada o transmitida —como se prefiera—. Abunda la ignorancia. Incluso de manera ostentosa. Pero abunda algo más grave. El desinterés en conocer si lo que se opina es consecuencia de un prejuicio, de un rumor, o de hechos documentados y sólidos.

Confieso que el asunto es frustrante. Uno trata de ayudar a colocar las cosas en el lugar que le corresponden, pero con una eficacia muy magra, por decir algo. Gente estudiada, profesionales de carrera, figuras exitosas en sus respectivos campos de actividad, suelen incurrir en unos disparates monumentales a la hora de calibrar la realidad nacional. Da pena tal ignorancia, pero más pena da tal desinterés.

El castigo al Zulia
Una de las regiones más castigadas por la auto-denominada “revolución” ha sido y es el estado Zulia. Prácticamente acabaron con su desarrollo agrícola y pecuario, sobre todo al Sur del Lago. Depredaron la infraestructura petrolera y productiva de la Costa Oriental. Maracaibo ha permanecido en el abandono y no hay ni una sola obra importante que se pueda exhibir en estos años de mengua. El anunciado “segundo puente” fue una trampa cazabobos.

Y encima el colapso del sistema eléctrico de la región zuliana. En realidad, el colapso es nacional, pero en el Zulia pega más por razones obvias. ¿Por qué ese encarnizamiento contra el Zulia? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que tan importante región venezolana es una de las castigadas por la auto-denominada “revolución”…

Cinco meses
El lapso que va desde la elección de un presidente mexicano hasta la toma de posesión es de cinco meses. Algo inusual. Supongo que en la tradición mexicana eso no era relevante, porque el mandatario saliente designaba al entrante. Por lo menos hasta Vicente Fox, y en adelante tampoco hubo diferencias insalvables en las transiciones. Pero con López Obrador la situación puede cambiar, porque deberá esperar hasta diciembre para asumir oficialmente el cargo, aunque ya parece estarlo ejerciendo, al margen del presidente Peña Nieto.

¿Es posible una gran crisis de poderes en ese largo lapso? Sí, es posible. Y esa posibilidad dependerá, sobre todo, de López Obrador. Si se manejara con sensatez, esa crisis se evitaría, pero si no, se produciría. Conste que no soy del “bando apocalíptico” en relación con López Obrador. Tampoco me simpatiza. Pero ya tiene ante sí una prueba crucial. Los largos meses que faltan para el 1 de diciembre.