Quinto Día Online
13 de Diciembre del 2017

Índice

Multa, o prisión para el mutilador

Multa, o prisión para el mutilador

Allá por 1910, Gómez introduce una moda: las “jiras” hacia Maracay, a las que asiste el académico don Pedro José Muñoz, quien cuenta que, “en el corral de la casa de uno de los personajes, que residían entonces en la hermosa ciudad aragüeña, había un robusto y copudo samán, cuya exuberancia era placentero regalo para la vista de cuantos tenían ocasión de contemplarlo. Cuando el general Gómez iba a Maracay, siempre que salía a caballo remataba su paseo, entrando por una calle donde podía contemplar a su sabor el magnífico ejemplar vegetal. Y siempre tenía para este, las más encendidas frases de admiración”.

 

Pero el dueño de la casa, distanciado del General, lo mutila, y cuando este va a Maracay, acompañado del Secretario de Estado norteamericano, Mr. Knox, y sale a pasear como de costumbre, lo ve ruinoso.

 

–¡Por Dios! ¡Cómo han hecho eso!…Esto lo han hecho porque yo me complazco y gozo viéndolo.

 

Y llama en el séquito al Jefe Civil:

 

–Impóngale a don Fulano una multa de tres mil bolívares, y mande esos reales al hospital. Y si mañana cuando pase el tren para el Puerto no ha pagado la multa, mándelo para “El Castillo”.

 

El personaje, en conocimiento de la decisión, pagó sin chistar.