Quinto Día Online
23 de Marzo del 2017

Reflexiones

Monumento al desastre

Monumento al desastre

Luis Beltrán Petrosini

reflexionesqd@gmail.com

 

 

El pasado domingo fue instalada en Caracas la XIV Cumbre de la Alianza Bolivariana para los pueblos de América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA). El grupo, con la presencia de sólo cuatro de los presidentes de los doce países que lo integran, sesionó en homenaje a Hugo Chávez con motivo de cumplirse cuatro años de su fallecimiento. De acuerdo con las declaraciones de los principales voceros, se rindió ese homenaje a un líder que ha dejado una huella imborrable en el continente, especialmente en su propio país. Ciertamente, la dejó.

 

Al escuchar toda aquella letanía de alabanzas al impulsor de un proyecto supuestamente basado en principios de cooperación, solidaridad y justicia social, un ciudadano común en Venezuela no puede sentir más que un escalofrío que le recorre el cuerpo al percatarse de las “bondades” que todos estos ideales han dejado en la mayoría de nuestros ciudadanos. De la mayor justicia es reconocer que los pueblos de Cuba, Nicaragua, Bolivia y demás miembros de la comunidad integrada en el ALBA deben estar supremamente agradecidos al señor Chávez, sin cuya generosa asistencia no estarían hoy disfrutando de unas condiciones económicas que hasta cierto punto pueden considerarse alentadoras. Especialmente resultan aleccionadores los resultados que presentan las economías de Bolivia y Nicaragua, países que, precisamente por no seguir los lineamientos de esa farsa llamada socialismo del siglo XXI, han visto una mejoría importante en sus indicadores económicos, así como en la calidad de vida de buena parte de su población. El caso cubano es algo distinto; ya mermado ese mágico recurso que el generoso comandante le había proporcionado, Raúl Castro, a pesar del ostensible descontento que en los últimos meses de su vida pusiera veladamente de manifiesto el líder eterno de la revolución cubana, no ha tenido otra vía que tratar de borrar las diferencias con el infame imperio para lograr una fuente de divisas duras, no simples bolívares, provenientes de la oleada de turistas estadounidenses y de empresas capitalistas que oxigenen una economía exangüe por el signo de ideas arcaicas que han probado su inviabilidad en donde han tratado de funcionar.

 

Según las proyecciones del Cepal, el crecimiento de las economías de los principales países del ALBA en 2017 será bastante disparejo. Nicaragua y Bolivia incrementarían su PIB en 4,7 y 3,8%, Cuba y Ecuador en apenas 0,9 y 0,3%, mientras que Venezuela será el único país del hemisferio que verá disminuir de manera impresionante su actividad económica, la cual caería en 4,7%. Un sólido argumento para que la revista Bloomberg mantenga el criterio de que se trata de la economía más miserable del mundo, es apenas un indicador que nos muestra lo que sembró en este país el hombre al que estos diligentes y aprovechadores mandatarios le rinden homenaje, ése cuyas políticas han convertido a un buen número de compatriotas en una especie de zombi que busca su alimentación en las bolsas de basura que esperan ser recolectadas en calles y avenidas de pueblos y ciudades del país, el que con su socialismo del siglo XXI dejó sin medicamentos básicos a toda una población, que abonó el terreno para que tengamos que vivir azotados por una violencia criminal que nos ha convertido, prácticamente, en rehenes en nuestros hogares, y esto sólo por mencionar algunos de los legados que nos dejó y sin contar con el peor de todos, el que nos obsequió con la designación de su sucesor, quien ha profundizado con éxito la devastación total de este país. Vemos cómo comienzan a aparecer en distintas ciudades del país, como por arte de magia, estatuas para recordarlo y honrarlo. La historia nos ha mostrado el destino habitual de monumentos de este tipo; en algún momento del futuro seremos testigos de lo que siempre ha ocurrido en el mundo entero: rodarán por el piso.

 

Ante el espléndido cuadro que el homenajeado y su sucesor nos presentan hoy, surge nuevamente una voz que clama por la corrección en el rumbo que ha tomado el país. La Academia Nacional de Ciencias Económicas nos ofrece un extraordinario documento en el que le describe las condiciones en las que vivimos los venezolanos como consecuencia de los graves errores de política económica cometidos en los últimos diecisiete años y las medidas que hay que tomar para comenzar a salir de este terrible crisis, la cual se agrava día a día. No es la primera vez que esta institución advierte con detalle las consecuencias del rumbo asumido por el régimen, y como ha ocurrido en el pasado, es de presumir que en esta ocasión tampoco serán tomadas en cuenta por un gobierno cuyas barreras ideológicas le impiden ver la realidad.

 

Pero este documento de la Academia tiene, al igual que los anteriores, un gran mérito. En su texto -ojalá sea leído por una buena parte de nuestros compatriotas- se les demuestra a los venezolanos que sí existe una posibilidad real de abandonar el camino de la devastación, la hambruna y demás penurias económicas y sociales que nos agobian cada día y que, de no cambiarse el rumbo, la intensidad de esas penurias seguirá en aumento y será peor con el correr de los meses. La conclusión que se puede extraer de ese análisis es una sola: el sentido de la política económica debe cambiar, pues de lo contrario Venezuela representará un caso único en la historia; el de un país que sin haber estado involucrado en un conflicto armado, ha caído en la peor catástrofe económica y social de la cual se tenga noticia. Ante la persistencia de este sinsentido, lo único que nos podría salvar es un cambio de gobierno. No hay otra opción.