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Internacionales

Los secretos del hijo de Fidel Castro

9 febrero, 2018 | 12:00 am

El hijo mayor del caudillo de la “revolución cubana” falleció el pasado jueves, 1 de febrero, a la edad de 68 años

 

El contacto con su padre durante los años de su formación, al igual que muchos aspectos de su vida, tanto personal como profesional, permanece en las sombras

 

 

Yubreiler Sotomayor

sotomayoryandreina@gmail.com

Con información de Cubanet y El País

 

 

Fue parte de la prole de un hombre adorado por muchos, y temido –y odiado- por muchos otros.

 

El hijo mayor del caudillo de la “revolución cubana” falleció el pasado jueves, 1 de febrero, a la edad de 68 años. Formalmente no hay una declaración sobre su deceso. Pero fuentes que no son oficiales sostienen una verdad, que se dispersa como un secreto “a voces”. Tras recibir tratamiento psiquiátrico por una depresión mayor, Fidel Ángel Castro Díaz-Balart se quitaría la vida, en su ciudad natal: La Habana, Cuba.

 

Único hijo del primer matrimonio del líder cubano con Mirta Díaz-Balart, de su madre le venía el pertenecer a una de las familias de más abolengo de la región caribeña. Pero la acomodada posición social de su madre no fue impedimento para que el líder de la revolución terminara su matrimonio, en 1955. “Fidelito”, como cariñosamente se conocía al primogénito de Castro, viviría con su madre hasta los diez años de edad.

 

A su manera, la vida de “Fidelito” también fue diferente. Con formación en Ingeniería Nuclear, educado en la Unión Soviética, se convertiría en el primer cubano en ostentar este título. Como dato curioso, no usaría su verdadero nombre durante esos años, sino un seudónimo: José Raúl Fernández. Posteriormente se convertiría en asesor científico del Consejo de Estado de Cuba y presidente de la Academia de Ciencias. Bajo su égida la isla vería nacer su único reactor nuclear en Juraguá, al oeste de la bahía de Cienfuegos. Hoy en día luce abandonada; es una “ciudad nuclear” venida a menos. Paradójicamente, la más grande ambición del padre, sería la frustración profesional del hijo, y vendría de la mano del derrumbe de la Unión Soviética.

 

Algo atípico en la familia Castro, desarrolló una prolífica carrera en la divulgación científica, en la que resaltan varios textos, entre ellos Elementos y reflexiones en torno a la política científica nacional (1985); el ensayo “Nuclear Energy in the National economy of the Republic of Cuba” (1986), Espacio y tiempo en la filosofía y la física (1988) y Energía nuclear y desarrollo (1990). De su vida personal, se sabe poco. Se casó dos veces, sus primeras nupcias fueron con la rusa Natasha Smirnova. De esa unión nacerían tres hijos: Mirta María, Fidel Antonio y José Raúl. Su segundo matrimonio fue con una cubana: María Victoria Barreiro, hija de Luis Barreiro, general de la seguridad del Estado.

 

El contacto con su padre durante los años de su formación, al igual que muchos aspectos de su vida, tanto personal como profesional, permanece en las sombras. En sus últimos años, según cita el portal web del periódico español El País, “había centrado sus intereses científicos en el campo de la nanociencia”. Nunca ocupó un cargo político.

 

El silencio, perceptible e inescrutable, cubre la muerte del primogénito del viejo dictador cubano. Tanto, que no es descabellado pensar, y quizás tomar como una certidumbre el testimonio de la periodista independiente Tania Díaz Castro, conocida por ser una voz disidente de la isla, recordada también, por ser la niña que “no quiso saludar a Castro”, en aquel extraño incidente en una piscina soviética.

 

“Si Fidelito fue capaz de salirse de esa burbuja por medio de la muerte, su argumento más importante pudo haber sido el arrepentimiento de haber apoyado a su padre en una dictadura, (…) que tal vez analizó más que nunca en el ocaso de su vida. Ese ocaso en el que se descubre que todo se acaba, que todo se convierte en polvo, que en un grano de maíz cabe toda la gloria del mundo”, explica Díaz en el portal web Cubanet, que difunde noticias independientes desde 1994. Dato curioso: la censura en los medios hace que esta entrada web sea la única manera de dilucidar cómo murió “Fidelito”, arrojándose por un quinto piso, en un hospital de La Habana.

 

Su último descanso se asemeja mucho a lo que, quizás, debió desear en vida: entregarse por entero a la ciencia. Sus restos reposan en el panteón de la Academia de Ciencias de Cuba, en el Cementerio de Colón, el más grande que tiene la ciudad de La Habana.

 

Una ley de la isla caribeña prohíbe el culto a la personalidad, razón por la cual no existe ninguna estatua o efigie de su padre, el mítico líder de la revolución. La pieza de mármol negra, adorno del último refugio del hijo de Castro, sigue más o menos el mismo patrón: estoico, sobrio, casi imperceptible.

 

Como único adorno lucen coronas de flores, la mayoría rosas blancas, como recuerdo de sus hijos y nietos, de su madre, Mirta y de sus sobrinos. Todos los medios, estatales en su mayoría, lo reseñan. Nadie dice nada del funeral. El silencio, a sabiendas, parece ser parte de la norma.

 

Al cierre de esta edición, el misterio que pesa sobre la vida y muerte del hijo primogénito de Fidel Castro Ruz, continúa.

 

En un mensaje publicado en su cuenta de Twitter, el escritor, economista y periodista cubano, Carlos Montaner, expresa lo siguiente: “Mirta Díaz-Balart, primera esposa de Fidel Castro y madre de “Fidelito”, recién suicidado, tiene 90 años y ha sufrido mucho en silencio. Ahora, que ya no puede perjudicar a su hijo, debe escribir sus memorias y contarlo todo”.

 

La pregunta, si cabe como final abierto, engloba un deceso envuelto en misterio. ¿Qué habrá llevado consigo “Fidelito” a su tumba?