Una opinión, Cinco temas

Los numeritos del CNE

25 mayo, 2018 | 12:00 am

Tienen cero credibilidad. Cero. No poca o poquita. Nada. Cero. A partir del laberíntico proceso del referendo revocatorio del 2003-2004, ha sido así. Sólo que en algunas ocasiones se notaba más y en otras menos. Incluso cuando el oficialismo reconocía resultados adversos, es seguro que los resultados anunciados se encontraban por debajo de la voluntad popular expresada en las urnas. Cuando se consolidan patrones tan férreos de control electoral, no puede ser de otra manera.

Claro, que lo ocurrido el domingo 20 de mayo, rompe los propios récords de la hegemonía roja. Nadie cree en esos numeritos, comenzando por los que habitan en Miraflores y sus patronos castristas. Y no los creen, porque esos numeritos deben ser consecuencia de un análisis de laboratorio político, que los recomendó, o en realidad los impuso.

Sin derechos humanos

La Constitución de 1999 es prolija en materia de reconocimiento de derechos humanos. Y la ironía es que muchos de los que la promovieron son los primeros en desconocerla. Peor aún, en despreciarla. En dejarla como letra muerta. Y esto es así porque el principal violador de los derechos humanos de los venezolanos es el régimen que todavía impera en el país. El tema de las cárceles y los presos políticos, es uno muy importante pero no es el único que refleja la violación intensa y extensa de los derechos humanos en Venezuela.

Por donde uno mire, hay violaciones graves a los derechos políticos, civiles, económicos y sociales de la población. Y no son efecto de la mera negligencia sino del dolo, o la saña del poder establecido. Tienen razón muchos de los especialistas cuando afirman que Venezuela, en los hechos, se encuentra sin derechos humanos.

El engranaje

Venezuela está siendo molida por un engranaje o trabazón del poder establecido, que va mucho más allá de sus fronteras convencionales, y abarca a diversos sectores políticos, económicos, sociales y comunicacionales, que, de la boca para afuera, se presentan de oposición, pero que, en la realidad de los hechos, no es así. En realidad, esta parte del engranaje es muy útil para la hegemonía roja, porque confunde, divide y por tanto favorece los intereses del continuismo.

El aceite del engranaje se sabe cuál es. Ya no hay tanto aceite como antes, pero todavía queda. El engranaje ha funcionado hasta ahora, en cuanto al control de la dinámica política. ¿Seguirá funcionando? No lo sabemos, pero no son pocos los que están dispuestos a seguir formando parte del engranaje.

¿Volverían los emigrados?

Depende, pienso, de dos cosas distintas. Una, que en Venezuela se produjera un cambio profundo para bien. Sin eso, no sólo no volvería nadie sino que continuaría la estampida migratoria. Otra, la edad del emigrado. Si se trata de un venezolano que conoció a la Venezuela anterior a la catástrofe del siglo XXI, es probable que regrese. Y no por nostalgia, sino porque sabe, le consta, que Venezuela no está condenada a la ignominia y la devastación de la hegemonía roja.

Pero si se trata de un venezolano que creció bajo la égida de la hegemonía, es probable que no regrese, porque en el fondo equivale a Venezuela con caos. Es su experiencia, es lo que le dice su conciencia. Los horrores de la hegemonía lo han hecho desconfiar de su país y descreer en su potencial. Pase lo que pase, hay algo que sí está claro. Al menos una parte de los emigrados volverían sólo cuando la hegemonía despótica y depredadora haya sido superada. Antes, no.

Leer a Granma

El diario oficial de la llamada “revolución cubana” es, desde un punto de vista periodístico, un pasquín. Casi todo es propaganda. Pero desde el punto de vista político, en relación con la hegemonía que impera en Venezuela, es sumamente valioso. Porque lo que anuncia Granma, lo aplican Maduro y los suyos. Si alguien quiere saber “por dónde van los tiros” del régimen que sojuzga a Venezuela, le recomiendo que lea las “noticias” que Granma transmite sobre nuestro país.

Por cierto, leer esas piezas de manipulación no es tarea fácil. Sin embargo, sí es tarea útil. Diría más: utilísima. Es terrible que ello sea así, pero mientras esta hegemonía se mantenga en el poder —con el patrocinio castrista—, habrá que leer a Granma.