Una opinión, Cinco temas

Locura y optimismo

13 abril, 2018 | 12:00 am

Hace unos días, un buen amigo me preguntaba si era optimista con respecto al próximo futuro de Venezuela… Le contesté de una manera demasiado fuerte, porque dije que hay que estar loco para ser optimista en ese sentido. Y ojo, ser loco es una cosa –acaso una realidad permanente–, pero “estar” loco, como se suele decir, puede suponer una realidad transitoria. No veo cómo se puede ser optimista a corto plazo sin estar completamente desubicado de la realidad. O, también, sin estar enchufado y, por tanto, depredando. Pero eso ya no es locura momentánea u optimismo vital, sino corrupción radical.
A mediano y largo plazo, las perspectivas pueden ser distintas, incluso diametralmente. Ojalá y dentro de un tiempo, ante una pregunta como la referida, se pudiera contestar exactamente al revés: hay que estar loco para no ser optimista. Ojalá…

Peor y empeorando

El país de los yates
En medio de la hambruna y la catástrofe humanitaria, la Venezuela roja se consolida como un “país” donde abundan los mega yates de la plutocracia, en este caso de la boliplutocracia. No tengo nada en contra de los yates, ni en contra de las personas que los pueden poseer, por obra de un trabajo productivo, lucrativo y honrado. Pero eso no tiene nada que ver con el desfile de mega yates que se observan en las islas y cayos de costas venezolanas, en particular las más reservadas para la gente del “entorno”.
Cuentan los entendidos, que algunos de estos mega yates han sido diseñados para satisfacer las extravagantes peticiones de sus propietarios y testaferros. Ironías de la vida: son los mismos que se rasgan las vestiduras –o los uniformes– con proclamas a favor de la justicia social y la revolución popular, y después se van de fiesta en sus mega yates, sin escatimar lujos, por más escandalosos que sean.

Sin medicamentos
Maduro alega que es una exageración el afirmar que en Venezuela hay falta de medicamentos. Pero su ministro de salud va más allá y declara que en el país no hay falta de medicamentos. Punto. En verdad, me gustaría conocer a alguien que opine igual, de manera sincera. Hay medicinas que no se consiguen desde hace años. Los principales laboratorios han bajado las santamarías. Y ni siquiera se encuentran los genéricos cubanos.
Todos los días se mueren venezolanos por falta de medicinas. Cada una de esas muertes es un crimen. Todos los días se agravan los venezolanos enfermos por falta de medicinas. Cada uno de esos casos es un crimen. Todos los días, se enferman venezolanos por falta de medicinas. Más y más crímenes.

El show de Lula
El expresidente de Brasil ya ha sido condenado por el primero de los siete cargos por corrupción, que llevan años en proceso judicial. Como buen demagogo, ha buscado presentar el asunto como una persecución política de sus enemigos. De eso habrá y mucho, pero el punto central es si Lula se arrastró en la corrupción. Los jueces que lo han juzgado, consideran que sí. No obstante, Lula no se quedará tranquilo en el destino penitenciario que le corresponda.
Su intervención cuando estaba atrincherado en la sede de un sindicato de San Pablo fue delirante: “Ya no soy un ser humano, sino una esperanza en el corazón de los brasileños”. No fue muy original, por cierto, pero ese tipo de consideraciones son muy peligrosas. Veremos si la estructura judicial de Brasil es capaz de resistir esa riada de demagogia ramplona. Esperemos que sí.